jueves, 22 de octubre de 2009

Pasaje del silencio

Hace tiempo que los silencios forman parte de mi lenguaje. Recuerdo aquella época en la que no callaba, y hablaba, hablaba... hasta cansar al oyente, con el pasar de los años, aprendí a jugar con los tiempos y los diálogos, a esperar y observar, y es así como de alguna manera selecciono mis frases y el hueco donde ponerlas. Puede ser que me haya convertido en una persona menos divertida, introvertida a veces, incluso seria, pero dinámica, eso sí.
Los silencios significan. Los silencios hablan entre líneas. Los silencios gritan. Los silencios te hacen pensar, escribir, soñar, amar, llorar...
Puedo buscarme en silencio y encontrar desde la nada al todo, puedo navegar con los movimientos de unas miradas, de los gestos, de las risas. Puedo suspirar.
Apartada del mundo, en mi sofá, en silencio, voy dejando las palabras que tiñen mi interior sintiéndolas como cuando moldeas con tus dedos un trozo de barro y vas acariciando su textura, sin conseguir una figura o una forma adecuada, pero es el momento, ese momento en el que tus manos en simbiosis desean crear.
Mis silencios son fragmentos de mi vida que no considero zonas muertas, al contrario, son las zonas más cercanas a mí, y paseo por ellos para sentir esas pequeñas historias que la vida misma me va contando.
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