lunes, 26 de septiembre de 2011

Contra el viento


"Siempre he envidiado a quienes sienten que tienen el control de sus vidas. A quienes pueden afirmar, llenos de satisfacción, que ellos mismos han ido construyendo su existencia, paso a paso, colocando los aciertos junto a los errores, depositándolos muy unidos, las buenas experiencias al lado de las malas, la felicidad sobre el dolor, como si levantasen una sólida fortaleza allá en lo alto de las rocas, inexpugnable y firme. Una existencia dominada por los propios designios y una férrea voluntad, fluyendo por las venas como sangre.
Y, dentro de las tripas, la entereza.
Para mí en cambio la vida es algo exterior.
Algo semejante a una neblina que fluye a mi alrededor, marcando su propio ritmo, obligándome a comportarme de una manera determinada, sin que yo pueda apenas tomar ninguna decisión. No doy pasos conscientes, regidos por la razón y un luminoso objetivo a lo lejos, parpadeando en el futuro como un faro hacia el que dirigirme. No sigo ningún camino, ningún arroyo, ni siquiera una senda escarpada y dura, a través de peñascos agudos como puñales. Simplemente floto ahí dentro, y agito los brazos cuanto puedo para no ahogarme. No hay nada más. Sí, a veces, por un momento, hay un cielo azul, y árboles verdes, y deliciosas mariposas de colores que juguetean entre las flores. Y en la noche, una multitud de estrellas que se despliegan para mí, como millones de ofrendas de benevolencia.
Pero sé que el espejismo durará un instante.
Respiro hondo. Respiro. Respiro. Y esa bruma fría y perfecta me envuelve de nuevo a su antojo.
Siempre he sido una cobarde. Miedosa, asustada, cobarde. Siempre. Desde pequeña..."


Angeles Caso

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