En un momento delicado de la tarde un suspiro se adueñó de mis pulmones y recorrió hasta los vellos de mis antebrazos, mi cuerpo se estremeció y levanté la cabeza para ver que tu mirada me buscaba entre la gente, no es un momento cualquiera, es nuestro momento, ese que no tiene precio y sí tiene el poder preciso para poder lanzarte un deseo de mi alma a la tuya.
Hoy mis gritos internos se callaron para dejar paso al canto de esas ninfas que habitan en mí cuando estás... y subes esa llama que nunca se apaga...
...salí a pasear a buscar de nuevo mi sonrisa y la encontré a tu lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario