" Las vidas de la mayoría de las personas son pobres y vacías. Aunque puedan poseer muchísimo conocimiento, sus vidas son míseras, contradictorias, infelices, faltas de integridad. Todo eso es la pobreza, y esas personas desperdician sus vidas tratando de hacerse interiormente ricas, cultivando varias clases de virtudes y todo el resto de ese absurdo desatino. No es que no sea necesaria, pero la virtud es orden, y usted solo podrá comprender el orden cuando haya investigado el desorden dentro de sí mismo. Llevamos vidas desordenadas; ese es un hecho. El desorden es la contradicción, la confusión, los diversos deseos agresivos, el decir una cosa y hacer otra, el tener ideales, y la división entre los ideales y uno mismo. Todo eso es desorden, y cuando se da cuenta de él y le presta toda su atención, de esta surge el orden, el cual es virtud, algo vivo, no algo fabricado, practicado y afeado. "
" El estilo impresionista puede así calificarse de pseudobjetivo. El narrador calla para dejar hablar a los personajes. Éstos, a su vez, enmudecen bajo el yugo de sus emociones o lo oneroso de la resignación ante la vida. El mensaje ha de leerse entre líneas. Su intensidad está más en lo que se dice que en lo que se calla. Pero si el silencio de los personajes es así de lo elocuente, no lo es menos el del narrador aparentemente ausente, pues es precisamente el énfasis que pone en marcar una distancia ante lo que los personajes expresan, lo que hace que desde lo recóndito su presencia envuelta todo el relato. No se contenta realmente con ser un espectador imparcial, evitando el sentimentalismo ingenuo que supondría hablar desde dentro del personaje, identificándose con su sentir. Va un paso más allá, marcando una distancia crítica frente a lo que éste dice y hace. "