martes, 1 de diciembre de 2009

Estar junto a ti

¿ Cuantas veces hemos tomado un café juntos?. Como adolescentes buscamos cualquier motivo para estar a menos de un metro, pero es eso, a poca distancia, verte, olerte, mirarte, oírte...imaginarme cuando me voy por las nubes nuestros momentos. La verdad es que me gustaría besarte en muchos de nuestros cafés, tocarte la mano, pasar mi mano lentamente por tu cara, me encantaría abrazarte, poner mi cabeza en tu hombro...estar junto a ti.
¿Te apetece un café?

lunes, 30 de noviembre de 2009

Lettre

“Pero, recuerdo, querido mío, el día y la hora en que quedé para siempre enamorada de ti. Acababa de dar un paseo con una amiga del colegio y estábamos las dos charlando delante de la puerta. Llegó un auto y descendiste tú para entrar en tu cuarto. Algo dentro de mi me impulsó a abrir la puerta, y nos cruzamos el uno con el otro. Me lanzaste una suave, cálida y envolvente mirada, llena de ternura, me sonreíste – sí, no puedo decirlo de otra manera – afectuosamente, al mismo tiempo que decías en voz baja y casi familiar: “¡Muchas gracias, señorita!” Eso fue todo, querido, pero desde el instante en que sentí la suavidad y ternura de tu mirada quedé locamente enamorada de ti. Sólo más tarde he comprendido que esa mirada atrayente, y al mismo tiempo desnuda; esa mirada de seductor nato que diriges a cualquier mujer que se halle junto a ti, a la vendedora de tienda o la sirvienta que abre la puerta; esa mirada no es en ti consciente ni significa ninguna especial inclinación, sino que tu ternura hacia las mujeres hace tu mirar siempre dulce y agradable. Pero yo, una niña de trece años, lo ignoraba: me hallaba sumergida en fuego. Pensaba que aquella ternura estaba dedicada a mí solamente, y en aquel instante, en mi derredor, en lo más íntimo de aquella criatura todavía a medio formar, se despertó la mujer, una mujer enamorada de ti para siempre.”

Carta de una Desconocida. Stefan Zweig

El alquimista

"...Entonces fue como si el tiempo se detuviese, y el alma del mundo surgiese con toda la fuerza delante del muchacho. Cuando miró los ojos negros de la muchacha, sus labios indecisos entre una sonrisa y un silencio, comprendió la parte más importante y más sabia del Lenguaje que el mundo hablaba y que todas las personas de la tierra eran capaces de entender en sus corazones. Y esto se llamaba AMOR, una cosa más antigua que los hombres y que el propio desierto, y que, sin embargo resurgía siempre con la misma fuerza dondequiera que dos pares de ojos se cruzasen. Allí estaba el puro lenguaje del mundo, sin explicaciones, porque el universo necesitaba explicaciones para continuar su camino en el espacio sin fin. Todo cuanto el muchacho entendía en aquel momento era que estaba delante de la mujer de su vida y que sin necesidad de palabras ella debía saberlo también. Tenía más certeza de esto que de cualquier cosa en el mundo, aun cuando sus padres, y los padres de sus padres, hubiesen dicho que era preciso enamorarse, cortejar, conocer a la persona y tener dinero antes de casarse. El que decía esto, jamás había conocido el lenguaje universal porque cuando uno se sumerge en él, es fácil entender que siempre existe en el mundo una persona que espera a otra, ya sea en medio del desierto o en medio de las grandes ciudades. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, el pasado y el futuro pierden importancia y solamente existe aquel momento y aquella certeza increíble de que todas las cosas bajo el sol fueron escritas por la misma MANO. La mano que despierta el amor, y que hizo un alma gemela para cada persona que trabaja, descansa y busca tesoros bajo el sol. Porque sin esto no habría ningún sentido para los sueños de la raza humana”.
El Alquimista, Paulo Coehlo

sábado, 28 de noviembre de 2009

Sin palabras


Existen muchas maneras de decir te amo. Se puede decir con los ojos, con las manos, con las palabras, en un susurro, en una carta, o como muchas veces en una poesía, es una de mis formas más usuales. Me encanta darle una guirnalda al amor, un paseo a la redonda, incluso me gusta tanto, tanto la sorpresa, la oposición a la rutina, la vuelta detrás de lo normal, que a veces pienso que me excedo en la paciencia, en el adagio, en la espera de que acojas todas las señales que te envío para decirte que te amo.
Es cierto que a veces podemos ser más directos, y mirarte simplemente a los ojos y decirte suavemente: "Te quiero", pero me queda corto, se me queda una algarabía de cohetes dentro que no se van con esas dos palabras.
Por ello, es humano pensar que mi piel necesita la tuya para poder gastar así esa energía que tiene para ti, que tengo unas esencias que necesito compartir, que eso es más o menos decir que: "Te necesito", para poder no decirte que te amo, sino saber que tú sabes que te amo, y eso es diferente, no son dos palabras, es un trasvase de sensaciones que no tienen letras para mostrar lo que significan, eso sólo los sentidos tienen ese lenguaje magnífico para poder vivirlo.
¿Sabes? es imposible explicártelo con palabras, ¿puedes dedicarme un ratito? sería lo mejor.

viernes, 27 de noviembre de 2009

A la sombra de un río

Sombras acostadas,
sobre el río que pasa,
y se van...
recogiendo hojas yermas.
Sueltan los eucaliptus
sus lágrimas de amor en silencio,
lágrimas del cielo,
de un tendedero de nubes mojadas,
y se van...
Un salmón enamorado,
sube con ahínco,
contracorriente...
saltando cascadas escalonadas,
entre meandros curvados y salientes.
A la sombra de un río,
nacen seres pequeñajos,
se extiende un pañuelo blanco,
para que se mezan en nanas,
para que lloren las ranas,
y sueñen los sapos
con ser príncipes humanos.
Vestidos con altos trapos,
a la espera de un beso alado,
de un hada perdida
en un mundo de encajes y calados,
cansada de más primaveras,
con su corazón amarrado
en redes de leyes,
en anclas de años,
que se van...
A la sombra de un río,
burdeos de risas de pájaros,
nacen los cantos de una nueva vida,
un nuevo y tranquilo espacio.

Canta el alma


Vive mi corazón latiendo en una celosía,
anidan mis pájaros,
cantan,
ríen,
danzan,
lloran...
Viven mis manos entre mallas,
acarician la melancolía,
cantan,
ríen,
danzan,
lloran...
Sueñan mis ojos en el arcoiris,
en la almohada de siete colores,
cantan,
ríen,
danzan,
lloran...
Mueren los días,
nacen las madrugadas,
navega mi alma...
sin brújula,
sin barca,
ni velas,
hacia el horizonte
donde el mar amaina,
donde el sol descansa.
Lluvia de lágrimas cálidas,
y...
cantan,
ríen,
danzan,
lloran...
mi corazón latiendo entre rosas.

Quien te sienta

Regresas cada atardecer,
cuando el día su telón echa,
cuando el viento susurra a ciegas.
Regresas hoy cúlmine y rellena,
alba posas en los azules elevados,
velas la cal y la arena.
Luna que naces y mueres,
en los brazos estíos de tu amado,
alumbras nuestros pies en la tierra.
Y el mar...bajo tu lumbre va moldeando,
un sueño, un beso, un recuerdo.
Y las olas...al son de tu mirada,
ribetean sus aguas plateadas.
Regresas a cuidar con tiento,
las mareas de la tierra y el alma,
el alma de quien te sienta.

jueves, 26 de noviembre de 2009

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Rozar tus manos


No pude...se me fue la piel de mis dedos entre los tuyos. Tocar tus manos es una sensación extraña y maravillosa que va desde los poros hasta los sueros más internos, reaccionando de una forma sensacional en todas las células de mi cuerpo y finalizando con el recuerdo de nuestros momentos, esos entre tú y yo, esos que ya forman toda una colección de instantes sentidos de una manera íntegra, simbiótica, fundida entre nuestros cuerpos y almas.
Rozar tus manos es cruzar los limbos y dar rienda a mi corazón que aletea en su espacio buscándote.
En silencio, despacio, lentamente...

Novecento. La leyenda del pianista del océano

“Yo, que no fui capaz de bajar de este barco, para salvarme me bajé de mi vida. Escalón a escalón. Y cada escalón era un deseo. A cada nuevo paso, un deseo al que decía adiós.
No estoy loco, hermano. no estamos locos cuando hemos encontrado la manera de salvarnos. Somos astutos como animales hambrientos. La locura no tiene nada que ver. Eso es el genio. Es la geometría. Perfección. Los deseos estaban destrozándome el alma. Podría vivirlos, pero no lo conseguí.
Así que entonces los conjuré.Y uno a uno los fui dejando detrás de mi. Geometría. Un trabajo perfecto. A todas las mujeres del mundo las conjuré tocando una noche entera para una mujer, una, la piel transparente, las manos sin joyas, las piernas delgadas, movía la cabeza al compás de mi música, sin una sonrisa, sin bajar la mirada, nunca, una noche entera, cuando se levantó no fue ella la que salió de mi vida, fueron todas las mujeres del mundo. Al padre que nunca voy a ser lo conjuré contemplando morir a un niño, durante días, sentado a su lado, sin perderme nada de aquel terrible espectáculo hemosísimo, quería ser la última cosa que viera en este mundo, cuando se marchó, mirándome a los ojos, no fue él quien se marchó, fueron todos los hijos que nunca tendré. La tierra que era mi tierra, en algún rincón del mundo, la conjuré escuchando cantar a un hombre que venía del norte, y cuando lo escuchabas, veías, veías el valle, las montañas que lo rodeaban, el río que descendía lentamente, la nieve del invierno, los lobos por la noche, cuando aquel hombre acabó de cantar, acabó mi tierra, para siempre, dondequiera que se encuentre.
Los amigos que deseé los conjuré tocando contigo y para ti aquella noche, en la cara que ponías, en los ojos, los vi, a todos ellos, a mis queridos amigos, cuando te marchaste, se fueron contigo. Dije adiós a la maravilla cuando vi los descomunales icebergs del mar del Norte desmoronarse derrotados por el calor, dije adiós al milagro cuando vi reir a los hombres que la guerra había destrozado, dije adiós a larabia cuando vi llenar este barco de dinamita, dije adiós a la música, a mi música, el día que conseguí tocarla toda en una sola nota de un instante, y he dicho adiós a la alegría, conjurándola, cuando te he visto entrar aquí. No es locura, hermano. Geometría. Es un trabajo de cincel. He desmontado la infelicidad. He deshenebrado mi vida de mis deseos. Si pudieras recorrer mi camino, os encontrarías uno tras otro, conjurados, inmóviles, detenidos para siempre señalando la ruta de este extraño viaje que a nadie nunca conté, salvo a ti.”
Alessandro Baricco