"Esta eres tú. Los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así. Nunca te habías visto como... no sé cómo describirlo... como una de esas personas a las que les gusta la Luna, o que pasan horas contemplando el mar, o una puesta de Sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando. O tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así. Desafiando el frío, sintiendo cómo el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar cómo la tierra se vuelve mullida bajo tus pies, y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas... Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Esta eres tú. ¿Quién lo iba a decir? Tú..."
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domingo, 18 de enero de 2015
sábado, 30 de agosto de 2014
Grandes esperanzas
"Eres parte de mi existencia, de mí mismo. Has estado presente en cada una de las líneas que he leído, desde que vine aquí, un vulgar y tosco pobrecillo cuyo corazón heriste ya entonces. Has estado presente en cada proyecto desde aquel día, en el río, en las velas de los barcos, en los marjales, en las nubes, en la luz, la oscuridad, el viento, los bosques, el mar, las calles. Has encarnado cada fantasía con la que mi mente ha tropezado. No son más reales las piedras de las que están hechos los más recios edificios de Londres, ni tendrías mayor dificultad en desplazarlos con la mano de lo que han sido y seguirán siendo para mí tu presencia y tu influencia, allí y en todo lugar. Estella, hasta el último instante de mi vida no podrás sino ser parte de mi carácter, parte de lo poco que de bueno hay en mí, parte de lo que de malo llevo. Pero en esta separación, sólo puedo asociarte a lo bueno y fielmente te recordaré vinculada a ello, pues tienes que haberme hecho más bien que mal, cualquiera que sea la punzante tristeza que ahora pueda sentir."
Charles Dickens
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miércoles, 23 de abril de 2014
lunes, 20 de enero de 2014
viernes, 15 de noviembre de 2013
domingo, 3 de noviembre de 2013
Poema de amor dirigido a nadie en particular
Déjame tocarte con mis palabras.
Ya que mis manos yacen inertes
como guantes vacíos.
Deja que mis palabras golpeen tu pelo,
se deslicen por tu espalda y cosquilleen tu vientre.
Ya que mis manos, ligeras y libres como ladrillos,
ignoran mis anhelos y rehúsan obstinadamente
llevar a cabo mis deseos más silenciosos.
Deja que mis palabras entren en tu mente
llevando antorchas.
Admítelas voluntariamente en tu ser.
Para que ellas puedan acariciarte
suavemente desde dentro.
Mark O'Brien
Las sesiones
Mark O'Brien (John Hawkes) es un poeta y periodista de 36 años de edad con un pulmón artificial, decide perder la virginidad. Con la ayuda de su terapeuta y la orientación de su padre, se pone en contacto con una profesional (Helen Hunt) que le llevará a un viaje hacia la edad adulta.
viernes, 18 de octubre de 2013
Bajo el sol de la toscana
"He comprado una casa en un país extranjero. Una casa y unas tierras que dos bueyes tardan dos días en arar. Ya que no tengo ni arados ni bueyes tendré que confiar en su palabra. El remordimiento del comprador es una afección muy común entre los nuevos propietarios. Que tenga acidez de estómago y la necesidad repentina de llorar no significa que haya cometido un error. Las casas viejas tienen sus inconvenientes... sobre todo las que tienen 300 años.
He heredado diez mil botellas de vino vacías, una uva, todos los ejemplares de La Nazione impresos en 1958 y un montón de inquilinos. El truco para superar el remordimiento del comprador es tener un plan, escoger una habitación y hacerla propia, repasar la casa lentamente, ser educada, presentarse. Así la casa también se presentará."
"Eres una aburrida, mírate. Estás triste otra vez, eres como un gran agujero negro.
Los remordimientos son una pérdida de tiempo;
Los remordimientos son una pérdida de tiempo;
son el pasado que te priva del presente.
¿Cómo vas a ser feliz jamás si no dejas de compadecerte?
Escucha, cuando era niña, me pasaba horas buscando mariquitas, pero un día me rendí y me quedé dormida en la hierba. Al despertar las tenía por todo el cuerpo".
Bajo el sol de la Toscana
domingo, 22 de septiembre de 2013
Isak Dinesen y sus memorias.
Karen Blixen, más conocida por su pseudónimo literario Isak Dinesen (Rungsted, Dinamarca, 1885 – 1962), fue una escritora danesa. Su padre, Whihelm Dinesen, militar, parlamentario, se suicidó cuando ella tenía diez años, atormentado por no resistir la presión de padecer sífilis, enfermedad que en aquella época estaba estigmatizada. Su madre quedó sola con cinco hijos a su cargo, a los que pudo mantener gracias a la ayuda familiar. Karen, como sus hermanas, se educó en prestigiosas escuelas suizas y se la educó para las clases altas.
Viaje a África
Karen se casó con su primo lejano el barón Bror Blixen-Finecke, con quien inició en Kenia una plantación de café llamada The Karen Coffee Company. El matrimonio fue difícil. En el primer año de vida en común su marido le contagió de la temida sífilis, sin embargo la enfermedad nunca se manifestó de manera grave. Cansada de las infidelidades de su marido, se separaron tras seis años de matrimonio, quedándose ella con la plantación.
Aprendió las lenguas aborígenes, como el suajili, y se empapó de las costumbres locales. Los nativos la apodaban «La hermana leona» y se ganó el afecto de ellos por su coraje, su buena puntería y su habilidad como cazadora.
En Nairobi, Blixen conoció a Denys Finch Hatton, un cazador británico afincado en Kenia. Empezaron una relación amorosa intensa, pero con muchos altibajos.
En 1931, Denys Finch Hatton se mató en su avión Gipsy Moth. Blixen siguió a cargo de la plantación hasta que la caída de los precios del café en 1931 la obligaron a venderla y regresar a Dinamarca. Siempre pensó en volver pero la Segunda Guerra Mundial se lo impidió y terminó sus días en la granja de su familia en Rungstedlund dedicada a la escritura ayudada económicamente por sus hermanos. Si bien ya había publicado algunos trabajos, es ahora cuando comienza su carrera literaria bajo diversos seudónimos, el más conocido de los cuales es Isak Dinesen, con el que publicó una serie de apuntes autobiográficos sobre su vida en África. Los tratamientos a base de arsénico que recibió para curar la sífilis le afectaron severamente la salud. Fumadora empedernida apenas podía digerir la comida lo que explica la imagen tan degradada de la madurez. Falleció de malnutrición a los 77 años. El asteroide (3318) Blixen fue llamado así en su honor.
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jueves, 22 de agosto de 2013
martes, 16 de octubre de 2012
American History X
Supongo que debo decir lo que he aprendido, mi conclusión. Mi conclusión es que el odio es un lastre. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreado. No vale la pena. Dereck dice que siempre viene bien acabar un trabajo con una cita, dice que siempre hay alguien que lo ha hecho mejor que tú, que si no puedes superarlo róbaselo y aprovéchate. Así que he escogido algo que creo que le gustará:
"No somos enemigos sino amigos, no debemos ser enemigos. Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto, jamás debes romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelva a sentir el tacto del buen ángel que llevamos dentro."
De la película American History X
lunes, 15 de octubre de 2012
Un paseo para recordar
-¿Podrías ayudarme?.
-Pero con una sola condición...
-¡Claro! ¿Cuál?
-Que no te enamores de mí.
De la película "Un paseo para recordar"
martes, 9 de octubre de 2012
El ladrón de orquídeas
"Cada orquídea se parece a cierto insecto, y atrae a ese insecto... su doble, su compañero del Alma. Lo que mas anhela es estar con el. Luego de que el insecto vuela, localiza a otra compañera del Alma y le hace el amor. Ni el insecto ni la flor entienden jamás la importancia de sus relaciones. ¿Cómo pueden saber que por su pequeño baile el mundo vive? Pero es así.. Con hacer lo que fueron diseñados, sucede algo grande y magnifico. Ellos nos enseñan a vivir. Que el único barómetro que tienes es tu corazón y cuando localizas a tu flor, no puedes dejar que nada se interponga."
lunes, 8 de octubre de 2012
Cuando un hombre ama a una mujer
"Mi mujer es una alcohólica,
la mejor persona que he conocido.
la mejor persona que he conocido.
Tiene 600 clases distintas de sonrisas...
todas te iluminan la vida.
Pueden hacerte reír a carcajadas. Así, sin más.
Pueden incluso hacerte llorar. Así, sin más.
Y eso sólo sus sonrisas, deberian verla con sus hijas,
tendrían que ver como la miran cuando ella no las observa"...
P.D Impresionante...sin palabras.
P.D Impresionante...sin palabras.
lunes, 21 de mayo de 2012
El diario de Noa
Si no la han visto, la recomiendo, no sólo por la historia, sino por lo que te enseña de la vida,
no puedes perder ni un instante sin buscar lo que quieres...
jueves, 10 de mayo de 2012
La máquina del tiempo
"Todos tenemos nuestra propia máquina del tiempo, el pasado son los recuerdos y el futuro son sueños".
Frase de Jeremy Irons en "La Máquina del Tiempo"
martes, 8 de mayo de 2012
En búsqueda de la felicidad
"No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos"
De la Película "En busca de la felicidad"
domingo, 18 de marzo de 2012
sábado, 10 de septiembre de 2011
Te doy mis ojos
"Dice el pintor que podemos escuchar los cuadros, oírlos aquí dentro como cuando escuchamos música, porque..., los colores son como las notas y se repiten como en una melodía: tres amarillos, dos azules, otra vez amarillo, y un silencio, el blanco. El blanco... no suena..., no duele. Si podemos escucharlos también los sentiremos. El verde es el equilibrio, el azul profundidad, el violeta..., el violeta es el miedo."De la película Te doy mis ojos
jueves, 8 de septiembre de 2011
domingo, 23 de mayo de 2010
El último tango en París.- Robert Alley

El la dejó. Jeanne oyó el sonido de sus pasos en el corredor, el portazo en la entrada; luego nada más, salvo su propia respiración. Una bocina sonó en la lejanía seguida de un completo silencio. Se ha ido, pensó para sí misma, y de pronto se sintió consumida. Levantó el sombrero del piso, pasó el living-room rumbo a la salida, concentrada. Sorprendida, levantó la mirada.
Paul la estaba esperando apoyado contra la pared. Pareció aún más corpulento a la luz directa del sol, el mentón erguido y los ojos entrecerrados. Tenía los brazos cruzados contra el pecho; el abrigo estaba abierto y mostraba el torso y las piernas fuertes y musculosas. Jeanne dijo:
—Pensé que se había ido.
—Cerré la puerta con llave —caminó lentamente hacia ella mirando fijamente los ojos anchos y azules que reflejaban más resignación que miedo—. ¿Estuve mal?
—No, no —dijo ella tratando de recuperar el aliento—. Sólo pensé que se había ido —sus palabras
quedaron pendientes, como una invitación.
Paul estuvo a su lado en un segundo. Le tomó el rostro con las manos y la besó en los labios. En la confusión, ella dejó caer el bolso y el sombrero, y colocó las manos sobre los anchos hombros. Por un instante, permanecieron absolutamente inmóviles. Nada se movía en la habitación circular salvo las pelusas que caían por el aire; ningún sonido les llegó salvo el de sus propias respiraciones agitadas. Parecían suspendidos en el tiempo, como la belleza marchita de la habitación, aislados del mundo y de sus vidas respectivas. El cuarto adquirió calidez acogiéndolos durante este breve y silencioso noviazgo.
De pronto, Paul la alzó en sus brazos y la llevó hasta la pared de la ventana sin esfuerzo aparente, como si se tratara de una criatura. Ella le pasó los brazos por el cuello que le pareció tan duro como un tronco y le acarició los músculos de su espalda bajo la suave tela del abrigo. El tenía un olor amargo en parte sudor y en parte algo que ella no pudo identificar; algo más masculino que el de cualquier joven que hubiera conocido y que la excitó poderosamente. El la bajó, pero sus manos no la dejaron, la apretó contra sí y tocó sus pechos oscilantes a través de la tela de su ropa. Le desabrochó el vestido con rapidez y maña, y metió las dos manos en el interior, acariciándolos; con los dedos dibujó la forma de sus pezones. A ella la excitó la dureza de su piel y se apretó aún más contra él.
Como si lo hubieran convenido de antemano, comenzaron a desnudarse el uno al otro. Ella lo agarró a través de los pantalones; él pasó una mano por debajo de la falda y de un tirón le arrancó las bragas. Jeanne se sofocó ante su audacia y se colgó de él con miedo y anticipación. Paul puso una mano entre sus piernas y la levantó del suelo; con la otra se desabrochó los
pantalones. Luego la tomó por las nalgas, la subió un poco más y la penetró. Se agarraron como animales. Jeanne subió por el tronco de su cuerpo apretando sus caderas con las rodillas y colgando de su cuello como una niña perdida. El la apretó contra la pared y entró más profundamente dentro de ella; por un instante lucharon torpemente, como en un combate, pero pronto se pusieron de acuerdo y comenzaron a moverse con un mismo ritmo. Sus cuerpos avanzaban y retrocedían como participantes en la más íntima de las danzas. El ritmo se hizo más frenético; la música y el mundo, olvidados, gimieron, suspiraron y se golpearon contra la pared
protegiendo esa pasión; cayeron más allá de los orígenes de su propio empeño y se apagaron poco a poco y sin remordimientos, sobre la estropeada alfombra naranja.
Permanecieron inmóviles en el suelo, sin tocarse, mientras la agitación de sus respiraciones se
normalizaba gradualmente. Luego, Jeanne se alejó de él, puso la cabeza sobre el brazo y levantó la vista. Pasaron varios minutos en los que ninguno de los dos pronunció palabra.
Se pusieron de pie y arreglaron sus ropas, dándose la espalda. Jeanne se puso el sombrero igual que antes, lo siguió por el corredor y salieron a la escalera. Paul cerró la puerta con llave; Jeanne llamó el ascensor y con vergüenza se apartó de Paul. Minutos antes, habían compartido el abrazo más sensual y ahora, fuera de los confines del departamento, eran tan distantes como desconocidos.
Ella se sintió agradecida cuando Paul le volvió la espalda y bajó por las escaleras en vez de hacerlo con ella en el ascensor. Pero no pudieron evitar encontrarse en el vestíbulo. Ella se preguntó cuál sería su próximo movimiento cuando la siguió, mientras pasaban delante de la ventanilla de la portera y se encaminaban a la puerta.
El salió a la calle detrás de ella. La luz del sol los deslumbró y los ruidos de París sonaron discordantes.
Paul arrancó el letrero escrito a mano SE ALQUILA de la puerta. Lo rompió y lo arrojó a la alcantarilla. Por un momento ambos vacilaron. luego tomaron direcciones opuestas y ninguno de los dos volvió la cabeza.
El último tango en París. Robert Alley
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