jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz Año

Mis más sinceros deseos para que podamos ver cumplidas nuestras ilusiones y proyectos en este año nuevo que entra...


miércoles, 30 de diciembre de 2009

Tu sexo es mi perfume, Anna

“El olor a pan es una tentación suculenta. Cuando llega recién hecho de la panadería, su rastro incita a la gula y al hurto rápido y a escondidas de ese trocito que sobresale de la bolsa –la punta, el cuscurro…– y que sabe a gloria bendita. El pan caliente huele a hogar y a bondad y lleva prendida la imagen de esa nubecilla de humo apetitoso, casi imperceptible, que se eleva al partir la barra como niebla de primavera.
Esa niebla lleva prendidos tantos momentos…
El pedazo de pan con chocolate de la merienda… La puntita robada con disimulo antes de comer… La de después de comer… Y el gusto de esa miga, blandita, tan rolliza que incita al mordisco cariñoso como si fuera la mejilla o la nalga sonrosada y tierna de un bebé. Cuánto bienestar atesorado en un trozo de pan crujiente con una onza de chocolate. Cuánto mimo en ese desayuno o merienda servido como un manjar. El pan, blanco, y sobre él, ese pedazo oscuro de cacao. Esa imagen y esos olores juntos, mezclados, tienen algo… De amor… De felicidad… Aunque la niebla del pan caliente lleve temores que la enturbian…
“No comas pan caliente que te dolerá la tripa…”
Pero ese pan tibio, crujiente, es un placer tan tentador que invita a romper con las normas. Además, ¿no dicen que aquello que se come con ganas no hace daño? ¿Entonces…? ¿Por qué tantos temores? Alimentamos el miedo con miga de pan. Y el miedo, en casa, se convierte en el plan nuestro de cada día. Pero ese olor es tan bueno, tan apetitoso. Está diciendo “cómeme…” Y, cayendo en su tentación, vas y te lo comes.
Así empieza la rebeldía. La libertad. Creyendo en lo que sientes. En lo que deseas… Tan sencillo como un trozo de pan. Olor blanco que huele a buenos momentos, entrañables, cálidos. Mi abuelo es ese color. Le encantaba el pan. Recién hecho, de barra, de payés, de máquina (sobretodo)… Olerlo es recordar su cariño, su barriga oronda, su cara afable, su pelo tan blanco y su porte elegante, y hundir mi nariz en la miga de su recuerdo es… como entrar en sus brazos y arroparme en una nube de bondad.
Una nube blanca y blanda como miga de pan. ”

Tu sexo es mi perfume, Anna Llauradó


Siempre...

Déjame estar entre los algodones de tu viento,
dejar un suspiro que cubra el atardecer del océano,
permíteme posar en el agua el cristal de mis lágrimas
y congelarlas en un espejo transparente,
disfrutando de las profundidades de nuestro mar.

Estaré en tus olas, revueltas, serenas,
cantaré con mis silencios en tus sueños,
escribiré en un pergamino blanco lo que siento,
sin tinta, sin lapicero, será el roce de un beso
Eterno…

Mas acéptame como soy, una pequeña barca barca
que navega a toda vela, abriendo sus alas,
y en días de tormenta, mis velas apagadas,
lloran formando una espesa niebla gris.

Te extraño…
Mis pulmones se esfuerzan por respirar
el aire que me falta cuando no estás,
por el hecho de estar sin ti,
tengo sólo un cuerpo sonámbulo,
el resto vive a tu lado navegando.

Para los que aman...eternidad


“El tiempo es muy lento
para los que esperan,
muy rápido para los que tienen miedo,
muy largo para los que se lamentan,
muy corto para los que festejan.
Pero, para los que aman, el tiempo es eternidad"
(William Shakespeare)

martes, 29 de diciembre de 2009

Dibujando un corazón. Alejandro Fernández

Mas allá de mi cariño
volando por el norte
de tu cuerpo estoy mejor
no te extraño ni te olvido
perdiendo el equilibrio
me curas el dolor
me inundas el latido
me calmas la intención
me tienes como loco dibujando
donde vaya un corazón

Mas allá de la esperanza
la vida no me alcanza
para darte lo que soy
tengo paz y tengo suerte
y mas son esas ganas
de quererte sin razón
me llenas el vacío
me cambias la visión.

Me tienes como un loco dibujando
donde vaya tu mirada que me abraza
tu cariño que me cura
tu recuerdo se ha colgado de la luna
descubriendo con tus pasos
un atajo en el camino
si me miras de esa forma
yo te llevare conmigo
tu me tienes como un loco dibujando
tu me tienes como un loco dibujando
donde vaya un corazón.

Mas allá de la costumbre
no hay ojos que derrumben
lo que un día construí
el amor no tiene un libro
las reglas del camino
se aprenden a vivir
la forma de tu boca
me deja sin respiración

Me tienes dibujando como un loco
donde vaya tu mirada que me abraza
tu cariño que me cura
tu recuerdo se ha colgado de la luna
descubriendo con tus pasos
un atajo en el camino
si me miras de esa forma
yo te llevare conmigo
tu me tienes como un loco dibujando
tu me tienes como un loco dibujando

Tu mirada que me abraza
tu cariño que me cura
tu recuerdo se ha colgado de la luna
descubriendo con tus pasos
un atajo en el camino
si me miras de esa forma
yo te llevare conmigo
tu me tienes como un loco dibujando
tu me tienes como un loco dibujando
tu me tienes como un loco dibujando
donde vaya un corazón

Mas allá de mi cariño
volando por el norte
de tu cuerpo estoy mejor

jueves, 24 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

Leyenda de Abderramán III y su amada Azahara


Un viento suave se desliza entre los almendros, estremece sus ramas y acaricia levemente las florecillas rosadas que se desprenden y caen sobre la tierra. Una vez más, el Yebél Alarús se viste de gala y nos trae a la memoria una hermosa historia de amor.
Aconteció durante los últimos años del siglo X, cuando Córdoba no se llamaba Córdoba sino Qurtuba y Abderramán III era el primer califa Omeya independiente de Bagdad. Era esta una ciudad populosa donde convivían gentes de todas las razas y religiones. A ella acudían sabios, alarifes, poetas y músicos de todos los rincones del mundo. Florecían las artes, progresaban las ciencias, se mezclaba lo autóctono con las nuevas influencias recibidas del exterior. Todo lo asimilaba y lo hacia suyo. Era Abderramán un califa audaz, enérgico y valeroso. Su constancia y talento político hicieron posible la unidad y pacificación de Al-Andalus. Consiguió imponer respeto a los cristianos del Norte y acometió con arrogancia la reorganización de su autoridad soberana. Para agasajar al califa solicitando su protección o agradeciendo su ayuda, los monarcas de otras tierras enviaban fabulosos regalos: Extrañas obras de arte, piedras preciosas, libros de incalculable valor y hermosas esclavas. Azahara fue una de ellas. Cierto día, paseando Abderramán, con su gran séquito de cortesanos por el patio de naranjos de la Gran Aljama, vió aparecer una comitiva formada por una larga fila de mulas ricamente enjaezadas, cargadas de innumerables tesoros. Detrás, una docena de eunucos custodiaban a varias cautivas de sorprendente belleza. Todo ello constituía una ofrenda del emir de Granada al califa de Córdoba. Era Azahara la joven más hermosa de la comitiva. Procedía de Elvira y el tumulto de la gran ciudad la llenaba de turbación y asombro. Sus ojos eran tan negros y brillantes que hicieron saltar chispas de fuego en el corazón de Abderramán. Tanto ardor sintió el califa dentro de si que apartando a la muchedumbre se acercó a ella y le preguntó:
- ¿Quien eres, mujer? ¿Cómo te llamas?
- Azahara, mi señor.
Así fue como Azahara se convirtió en la favorita de Abderramán. Los cronistas de la época apenas han dejado constancia de su existencia, tan solo nos dicen que habiendo recibido Abderramán III el legado de una gran fortuna, quiso emplear este dinero en el rescate de prisioneros de guerra, pero tras enviar a sus emisarios a través de las Marcas (León y Navarra) y no encontrar ni un solo prisionero islámico, una muchacha del harem llamada Azahara le inspiró la construcción de una ciudad que llevara su nombre y que sirviera para gloria del califato. Abderramán hizo venir dede Bagdad y Constantinopla a los geómetras y alarifes más prestigiosos de la época. De Bizancio llegaron los maestros escultores que sabían cortar y pulir el mármol extrayendo de él toda su belleza. Junto a ellos, los artesanos cordobeses tallaron la piedra hasta darle el aspecto de un sutil encaje. Los materiales empleados eran los más raros y preciosos, llegaban venciendo mil dificultades, cargados en grandes bajeles, desde todas las partes del mundo conocido. El 19 de noviembre del año 936, se pusieron los cimientos de esta gran ciudad palatina. Se dice que en la puerta principal del recinto el califa mandó colocar la efigie de Azahara, la elegida de su corazón. Tenía la ciudad mas de tres mil cuatrocientas columnas, cuyos arcos, de marfil y ébano estaban incrustados de adornos de oro y piedras preciosas. Se llegaron a contar mas de quinientas puertas reforzadas con placas de bronce bruñido. Las paredes del Salón del Trono eran de mármoles variados y jaspes transparentes como el cristal, los techos estaban revestidos de mosaicos dorados cubiertos con tejas de oro y plata y del centro de las bóbedas pendían hermosas perlas. Asimismo, hizo construir fuentes y acequias que hacían sonar el agua de treinta y ocho modos diferentes para exaltar o serenar el ánimo y en una dependencia del palacio instaló una inmensa jaula llena de pájaros exóticos y un parque zoológico con fieras traídas de Africa. Sin embargo, Azahara estaba triste. Abderramán le preguntaba:
-¿Qué te ocurre, mi amor?, dime lo que te falta y yo lo traeré-.
-Ni con todo tu imperio y tu poder podrías conseguir lo que yo quiero-respondía. Llena de melancolía, Azahara miraba las montañas rojizas. Pensativa, recordaba los lugares de su infancia y el manto de nieve que cubría la Sierra de Elvira cuando llegaba el invierno. Para que volviera a sonreir, Abderramán ordenó cubrir de almendros el Monte de la Amada, y Sierra Morena se puso blanca de amor como una novia. La vida de Azahara fue breve, tan breve como la ciudad que por su amor fue construida. Abderramán, convertido en un anciano solitario miraba a su alrededor y decía:
Desde Al-Zahra te recuerdo con pasión. El horizonte está claro y la tierra nos muestra su faz serena. La brisa desmaya con el crepúsculo. Parece que se apiada de mí y languidece, llena de ternura. Los arriates me sonríen con sus aguas de plata, que parecen collares desprendidos de las gargantas. Así fueron los días felices que ya pasaron, cuando, aprovechando el sueño del Destino, fuimos ladrones de placer.
¡No conceda Dios la calma al corazón que desista de recordarte y que no vuele a tu lado con las alas trémulas del deseo!

Tango scene. Take the lead. Antonio Banderas

Cuando me llamas

La riqueza de tus manos
las hallo en el cielo,
las veo en aquel ocaso,
en el cristal de mi espacio.
Cada línea, cada pliegue,
cada sueño conservado
por tus dedos
mi piel siente...
entre los susurros de tus brazos.
Y mis vellos abren sus alas,
planean entre el aire erizados,
buscan el final de la pasión...
tenerte a mi lado.
Revolotean mis pestañas,
cantan mis pupilas,
ríen los aros de mi iris
entre las velas de mis párpados,
cuando me llamas.
Y entras en mí,
en mi corazón lates,
en mi piel descansas,
en mis ojos vives,
¿hoy?
hoy, ayer y mañana.

The sheltering sky


"...Debido a que no sabemos cuándo moriremos, pensamos en la vida como un pozo inagotable. Sin embargo, todo pasa sólo un cierto número de veces y, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde de la niñez, una tarde que se volvió una parte tan profunda de tu ser, que no concibes la vida sin ella? Tal vez cuatro o cinco veces más. Tal vez ni siquiera eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte. Sin embargo, todo parece ilimitado..."

Paul Bowles. El cielo protector