domingo, 18 de enero de 2015

Entonces me besaste








Por celebrar el cuerpo, tan hecho de presente
por estirar sus márgenes y unirlos
al círculo infinito de la savia
nos buscamos a tientas los contornos
para fundir la piel deshabitada
con el rumor sagrado de la vida.

Tú me miras colmado de cuanto forja el goce,
volcándome la sangre hacia el origen
y las ganas tomadas hasta el fondo.

No existe conjunción más verdadera
ni mayor claridad en la sustancia
de que estamos creados.

Esta fusión bendita hecha de entrañas,
la arteria permanente de la estirpe.

Sólo quien ha besado sabe que es inmortal.





Raquel Lanseros



Mi vida sin mí









"Esta eres tú. Los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así. Nunca te habías visto como... no sé cómo describirlo... como una de esas personas a las que les gusta la Luna, o que pasan horas contemplando el mar, o una puesta de Sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando. O tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así. Desafiando el frío, sintiendo cómo el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar cómo la tierra se vuelve mullida bajo tus pies, y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas... Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Esta eres tú. ¿Quién lo iba a decir? Tú..."






jueves, 15 de enero de 2015

Metamorfosis en el cielo









“Se supone que las mujeres más bellas del mundo producen vértigo, a mí esta me produce tortícolis. Su pequeña fábrica de viento teledirige los movimientos de mi cuello. Todo palpita. Las plumas que ondean en su piel le hacen terriblemente expresiva. Podría comunicarse conmigo sin pronunciar ni una sola palabra. He subido las escaleras de incendios con el propósito de saber todo sobre esa sirena celeste. Y ahora lo único que deseo es quedarme aquí y asistir al espectáculo de su boca en movimiento hasta que amanezca.”




Mathias Malzieu




martes, 13 de enero de 2015

Tu cuerpo está a mi lado







Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.


Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.


Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.




Jaime Sabines






miércoles, 10 de septiembre de 2014

Beatriz y los cuerpos celestes







“El frío de la noche enardecía nuestros abrazos, los suspiros se estrellaban en el edredón, y ante mí se agrandaban aquellos ojos apenas perceptibles, la nariz que se frotaba contra la mía. En medio del silencio nos susurrábamos promesas increíbles, niñerías absurdas, declaraciones tópicas de puro repetidas que reverberaban en múltiples vibraciones, y el tiempo se nos iba en hacer y deshacer la cama. La hice para ella alguna vez, tras descubrir un juego de sábanas de vete a saber tú de quién habría heredado, y le enseñé lo que era un embozo, algo desconocido en aquella tierra tan amiga de los edredones. Opinó que aquello era como un sobre, un sobre diseñado para guardar tesoros. Yo era un tesoro, supongo, desnuda y pura como un recién nacido, acogida en la frialdad y la blancura de las sábanas, en un útero de tela, y ella compartía conmigo aquel refugio, patinando hacia mí a través de la llanura de hielo resbaladizo que era la ropa de cama que yo había tendido y estirado. Deslizándose en mi búsqueda, chocaba en lo oscuro, de pronto, y yo sentía su piel en contacto con la mía. Brotaban chispas eléctricas. Ella susurraba arrastrando las palabras con su voz anaranjada y me contaba las cosas que iba a hacer conmigo. Me hacía reír y mis gorjeos rebotaban en la bóveda de lienzo que me cubría entera. Y entonces sentía como entraba en mí, un ataque luminoso que alumbraba las sábanas. Buscaba con mi lengua la huella de su lengua, hundida en mis salivas.”



Lucía Etxebarria


El son de mi amor






Cuántas veces he gritado
tu nombre en silencio.
Cuántas veces he besado
la luz de mi espejo.

Y ahí estabas
perpetuo en mis labios,
sombreando mis párpados
suavemente con tus dedos.

Y estabas ahí
cuando miraba al horizonte
el mismo de tus tardes
que enredaba nuestros deseos.

Cuántas veces has dormido
 en la almohada junto a mi cara,
cuántas el capitán del velero
que navegaba entre mis sábanas.

De cuántas maneras díme,
han podido llegarte mis besos
o mis manos acariciando 
cada deseo, pensamiento, 
recuerdo, llanto y miedo.

Aún te espero y tiemblo
tanto tiempo me enerva
y vuelvo a tener larvas
a punto de florecer
cuando de nuevo
te vuelva a ver y
te sienta.


domingo, 7 de septiembre de 2014

La mujer justa





"Echa un vistazo al mundo, verás esa atracción artificial que lo impregna todo: la literatura y los cuadros, los escenarios y las calles… Entra en un teatro y verás: en el patio de butacas hay hombres y mujeres sentados; en el escenario, otros hombres y otras mujeres gesticulan, hablan, intercambian juramentos, y el público tose, carraspea y susurra… pero en el momento en que se oyen frases como “te amo” o “te deseo”, o cualquiera parecida que se refiera al amor, la posesión o la separación, la felicidad o la infelicidad, se cierne sobre la platea un silencio sepulcral y cientos de personas contienen el aliento. Y con esos medios, manipulando hábilmente los sentimientos, los escritores consiguen mantener al público pegado a sus butacas."


Sándor Márai



Ese momento






Esa suave brisa
de tus manos en las mías. 
Esa pluma salvaje
de tus labios en los míos. 

Ese momento y suspiro
entre tu cuerpo y el mío. 
Esa almohada blanca
entre tu mejilla y la mía. 

Ayer soñé
bajo tu luna y la mía. 



miércoles, 3 de septiembre de 2014

El vuelo






Caminaron las golondrinas
junto a mis pies,
buscando el vuelo
para regresar al sueño
donde amarte sin prisas.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Sólo en sueños







Sólo en sueños,
sólo en el otro mundo del sueño te consigo,
a ciertas horas, cuando cierro puertas
detrás de mí.
¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan,
y ahora estoy preso en su sortilegio,
atrapado en su red!
¡Con qué morboso deleite te introduzco
en la casa abandonada, y te amo mil veces
de la misma manera distinta!
Esos sitios que tú y yo conocemos
nos esperan todas las noches
como una vieja cama
y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen.
Me gusta decirte lo de siempre
y mis manos adoran tu pelo
y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre.
Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo,
y con mi mano en tu boca, te busco y te busco.
A veces lo recuerdo. A veces
sólo el cuerpo cansado me lo dice.
Al duro amanecer estás desvaneciéndote
y entre mis brazos sólo queda tu sombra.


Jaime Sabines