jueves, 25 de febrero de 2010

Al otro lado de las montañas

" Alguien dijo que había ciudades para soñar
al otro lado de las montañas.
No dijo si estaban suspendidas en el aire,
sumergidas en las lagunas,
o perdidas en el corazón del bosque.
Los que allá fueron nada encontraron,
ni altas torres ni jardines
ni mujeres hilando en el atrio,
ni un muchacho aprendiendo a tocar la gaita.
Solo yo traje algo para seguir soñando
algo visto y no visto en la niebla de la mañana,
algo que era una flor o un mirlo de oro
o un pie descalzo de mujer,
un sueño de otro que se ponía a dormir en mí,
echado en mis ojos,
pidiéndome que lo soñase mas allá de las montañas,
donde no hay ciudades para soñar.
Y ahora mi oficio es soñar, y no sé
si soy yo quien sueño, o es que por mi sueñan
campos, miradas azules, palomas que juegan con un niño,
o una mano pequeña y fría que me acaricia el corazón. "
Álvaro Cunqueiro

martes, 23 de febrero de 2010

Por qué te quiero en 65 palabras



Tu vida en 65 minutos

Vivirnos



No me digas que esta noche tu presencia murmurada,
tu casi invisible presencia,
de tan rumorosa que me eres,
de tan silenciosa y sonreída que esta noche te siento.
Aquí, tendida a mi lado,
como casi una nota musical suspendida;
en medio del silencio de la noche,
cuando nadie sospecha tu presencia, una luz
que silenciosa, que adelgazadamente ha irrumpido.
Dime. Callemos... ¿Qué es el amor? Vivirnos.
Vivirnos día a día. Son años, Son un minuto. Son el inmóvil
discurrir de la vida.
Quietos,
vemos pasar el tiempo. Corriente
parada, paradísima, milagrosa, donde tú estás eternamente juvenil.
mientras yo te contemplo, yo me vivo, trabajo,
amaso mi vida contra aquello que pasa. Soy lo que pasa.
Pero no paso, abrazado
a ti, a tu estar, a tu sonreír, a tu existir sin medida.
Oh silencio suspenso donde milagrosamente una nota resuena.
Una gota de agua que en la oscuridad nunca cede,
nunca cae, y en la cueva indecible misteriosamente brilla.
Brillo, vida, amor mío, presente continuo que en la cueva
del amor me recrea.
Oigo fuera los tiempos. Oigo el embate cruel de las
amontonadas espumas,
y siento aquí el aire parado, el frío delgado del aire inmóvil
de la cueva sublime,
y allí tú, delicada perla que por siglos viniste,
gota mirífica donde con el solo brillo interior
interminablemente resplandeces.
Carne, alma mía, verdad concreta, cuerpo precioso.
Clara tú, clara siempre, que a mí dadivosamente has sido pronunciable.
Pronunciarte, decirte, con tu bulto adorarte,
montón real, continuamente vivido como una verdad
confesada.
Mi confesión, mi dulce ser, mi dulce estar, mi vida sola,
tú, mi perpetua manifestación hasta el fin de mi vida.

Vicente Aleixandre

Al final tú contigo

“Iba tan acelerada por conocer a otros que se le olvidó conocerse a sí misma … tan segura que su triunfo consistía en agradar a los demás y le pasó lo único que siempre cumple y siempre pasa: el tiempo.
Muchos vacíos de vida se producen por error de entrega de vida. Nos regalamos sin construirnos ni valorarnos. Buscamos amores ajenos y olvidamos el amor propio.
Al final, todos sin excepción se fueron desvaneciendo entre rutinas de calendarios sin historia hasta que un día, de repente, los envolvió el gran nubarrón del alma, que es ese momento en que mirándote al espejo no te ves. Se desaparecieron de sí mismos porque su yo, a cambio de nada, se lo habían dado a otros.
De vez en cuando hay que sustituir paisaje por espejo y mirarse en silencio para reconocerse, que es ese profundo volver a conocerse. Aprender a hablar con uno mismo, reflejarse en el propio cerebro, abrirse en poro y piel, penetrarse en dulce y hiel. Saber verse, husmearse, criticarse y quererse. Hablarse … hacerse preguntas y preguntarse … parirse respuestas y responderse.
No te equivoques: a no ser que te hayas definitivamente vendido en la gran feria de los abalorios humanos, nunca estarás solo. Al final, siempre quedarás tú para encontrarte contigo.”
Ángeles Becerra

I surrender. Los puentes de Madison

lunes, 22 de febrero de 2010

Espérame


Espérame mi amor
voy de camino
siguiendo tus pasos
tu sombra y tu voz.
Te llevaré mis ojos
para que los enciendas
con tu corazón
y la cera de tus labios.

En la vereda del tiempo

Puedo no estar, perderme, hibernar, puedo sentir frío o calor, a veces puedo entrar en un catatonismo extremo sin saber la causa. Lo único que me viene a la mente es sentir la tristeza, pero ¿cuánta?, y ¿qué es tristeza para mí?, sería muy difícil soltar la vela de ese barco, que también navega casi siempre sin rumbo. Si busco el antónimo, la felicidad, en vez de velas se convierte en un precioso pegaso con alas en mi vida. Cuando la felicidad tatúa en mí su savia, voy notando como algo se revuelve dentro, como mis ojos van abriéndose un grado más en un ángulo preciso, como va cambiando el brillo de mi pelo.


En estos momentos estoy pensando en ti,

en esos momentos tan preciados
que hacen que esa magia me recorra
y consiga hasta que mi corazón hable,
cante, sueñe,
y vuelva la ilusión de querer verte,
sentir tus ojos sobre mi piel,
desear ese abrazo que se quedó
en la vereda del tiempo.

viernes, 12 de febrero de 2010

Entre tus brazos.-Alejandro Fernández



Hacia donde irá este amor
que duele y se entrega
hasta cuado podré soportar
cada una de estas penas
que me ahogan y me enredan
que me pierden y me encuentran

Seguiré
encontrando la manera de entender
de sentir en tus labios el placer
en una mañana juntos
donde sólo entre tus brazos
amanecer.

Hasta cuando podré soportar
cada una de estas penas
que me ahogan y me enredan
que me pierden y me encuentran.

No podré
renunciar a esta manera de querer
en un mañana juntos
donde sólo en tus brazos
amanecer.
Alejandro Fernández

El alma al aire.-Alejandro Sanz

miércoles, 10 de febrero de 2010

Aquellas pequeñas cosas

Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.
Joan Manuel Serrat