domingo, 24 de noviembre de 2013

Ishmar







                                                                                                                            Para Martha


La manera de peinarte desnuda
ante el espejo húmedo del baño,
de apresar en la palma tu cabello
para escurrir el agua y agacharte
en medio de palabras que no entiendo;
el acto de secar tu piel, la forma
de sentir con las yemas una arruga
que ayer no estaba, o de pasar la toalla
por la pátina oscura de tu pubis;
el modo de mirarte a ti contigo
tan cerca y tan lejana, concentrada
en una intimidad que a mí me excluye,
son gestos cotidianos de sorpresa,
ritos que desconozco al observar
las mismas ceremonias que renuevas
al calor de tu cuerpo y que dividen
un segundo en partículas: espacios
donde la vida expresa su sentido
posible y que se afirman al peinarte
desnuda en las mañanas, como un fruto
que yo contemplo por primera vez.






Jorge Valdés Díaz-Vélez





Lo vi venir








Lo vi venir,
etéreo,
tomando carne y huesos concretos.

Fue vistiéndose de hombre
de vellos y cabellos firmes.

Tomó una voz prestada,
y fue jadeando en mi oído oraciones íntimas.

Me cubrió de tórrido deseo
se metió en mi cuerpo como un virus incurable
haciéndome sudar toda la inocencia que me quedaba.

Esperó a que mis pechos dejaran de ser frambuesas prometedoras
y se inflamaran para calzar justo en sus manos.

Midió día a día mis caderas
las vio crecer hasta que se redondearon,
hasta que mi pubis se fue reforestando
de café claro a negro sombrío

Esperó paciente,
acechando mis besos furtivos
la piel recién estrenada, los revolcones, los amantes
las promesas de amor eterno que muy pronto fracasaron.

Cuando fui la hembra de sus sueños,
ni tan niña ni tan mujer,
un poco sirena brava
y filósofa de verdades humanas,
se plantó en mi camino sin tocar la puerta.






Karin Gómez Artigas





Lo sé








Ya lo sé,
que no te gusto
que no te divierto
que no te inspiro
en tus sueños,
en tus pensamientos.

Ya lo sé,
que duermen los
te quieros,
que ya no miras
tus manos
pensando en mi,
ni que en tus labios
muero en silencio.

Ya lo sé,
que tus rosas
ya no son mías
ni que mi perfume
llega a tu aliento.

Aunque debes saber,
que  tengo aún
esos pétalos sueltos
que soltaste al viento,
y sé también
que aún en la locura
te echo de menos. 




sábado, 23 de noviembre de 2013

Mujer en camisa










Te amo así, sentada, 
con los senos cortados y clavados en el filo, 
como una transparencia, 
del espaldar de la butaca rosa, 
con media cara en ángulo, 
el cabello entubado de colores, 
la camisa caída 
bajo el atornillado botón saliente del ombligo, 
y las piernas, 
las piernas confundidas con las patas 
que sostienen tu cuerpo 
en apariencia dislocado, 
adherido al journal que espera la lectura. 
Divinamente ancha, precisa, aunque dispersa, 
la belleza real 
que uno quisiera componer cada noche.





Rafael Alberti



Itimad









I nvisible a mis ojos, siempre estás presente en mi corazón. 
T u felicidad sea infinita, como mis cuidados, mis lágrimas y mis insomnios. 
I mpaciente al yugo, si otras mujeres tratan de imponérmelo, me someto con docilidad a tus deseos más insignificantes. 
M i anhelo, en cada momento, es tenerte a mi lado: ¡Ojalá pueda conseguirlo pronto!. 
A miga de mi corazón, piensa en mí y no me olvides aunque mi ausencia se larga. 
D ulce es tu nombre. Acabo de escribirle, acabo de trazar estas amadas letras: ITIMAD.






(Al Mutamid)




Nívea










Cuando tus pies
no están de acuerdo, 
uno para adelante
otro para detrás,
lo mejor
pienso...
es dejarlos quietos
y que sientan 
la arena y la sal.
Otras veces 
es mejor
dejarlos volar
y que sientan 
cada gota de agua
de esa nube
que pasea nívea
abriendo paso
a los sueños.





viernes, 22 de noviembre de 2013

Primera palabra








Primer día.
Primera palabra.
Atrás quedó el dolor, su mano alzada
que golpeó en el rostro del ensueño,
buscando las raíces, el germen de ilusiones
crecido en esta tierra dura y seca
de la carne cansada.
Pero sus dedos torpes no han podido
romper esta corteza improbable y rebelde,
su pujanza de espera.


Primer día.
Primera palabra.
La lucha empieza ahora
con un rubor de llama.


Detrás del dolor brilla
la rama verde y tallo.






Elena Martín Vivaldi




La mirada








Sólo cuando la mirada se abre al par de lo visible se hace una aurora. Y se detiene 
entonces, aunque no perdure y sólo sea fugitivamente, sin apenas duración, pues que crea así el instante. El instante que es al par indeleblemente uno y duradero. La unidad, 
pues, entre el instante fugitivo e inasible y lo que perdura. El instante que alcanza no ser 
fugitivo yéndose. 

Inasible. El instante que ya no está bajo la amenaza de ser cosa ni concepto. Guardado,
escondido en su oscuridad, en la oscuridad propia, puede llegar a ser concepción, el 
instante de concebir, no siempre inadvertido. 

Y así, la mirada, recogida en su oscuridad paradójicamente, saltando sobre una aporía, 
se abre y abre a su vez, "a la imagen y semejanza", una especie de, circulación. La 
mirada recorre, abre el círculo de la aurora que sólo se dio en un punto, que se muestra 
como un foco, el hogar, sin duda, del horizonte. 

Lo que constituye su gloria inalterable. 





María Zambrano



jueves, 21 de noviembre de 2013

A propósito de Schmidt










Sensacional escena e  interpretación de Nicholson... 



Duermevela









Me quedé dormida 
con los susurros
que se escaparon
de su aliento
hasta el borde
de mi cuello.

Y llegó el sueño
a recogerme
entre sus brazos.