martes, 10 de noviembre de 2009
sábado, 7 de noviembre de 2009
Lentamente
viernes, 6 de noviembre de 2009
Una tienda más
Si dejásemos de un lado nuestras ideas incrustadas en la sociedad que nos arraiga, podríamos sacar provecho de la lógica.
Existen momentos en los que imagino que mi vida la traslado a un pequeño comercio, donde hay estanterías de todas clases: de madera, metal, adornadas con cerámica, pintadas con colores, a veces extraños, y en ellas pongo cada parte de mi ser; las sonrisas, los gestos, las caricias, los abrazos, las miradas, mis diálogos, los saludos, agradecimientos, perdones, presencia, escucha, arte, mis palabras, respuestas, paciencia, "asertividad", !ah¡ hemos llegado donde quería, este apreciado vocablo que al principio cuesta acordarse e incluso pronunciar. He leído tanto sobre ello, que tengo una estantería llena de tarros de asertividad. Si a nuestros ascendentes le pronunciamos esa palabra pueden tildarnos hasta de cursi, pero si les explicamos brevemente su significado podrían construir ellos mismos sus explicaciones sobre ello, simpático pero correcto, amable pero con medida, sutil en las relaciones, capaz de torear a cualquiera pero con mucho arte...y así podríamos seguir. Se aprende a ser asertivo, pero a veces cuesta, cuando entran muchos clientes pidiendo cosas y medidas extrañas, cuando cada uno tiene distinto tono de voz, de pedir las cosas, de tocar todas tus repisas como apropiándose de ellas sin más, cuando se quedan a última hora exigiendo algo que ya se te acabó.
Volviendo a la tienda de mi vida, también tengo un escaparate, donde se colocan los productos en oferta o que quieres que salga pronto, o en "promoción", pero como en todo comercio existe una balanza de necesidades de los clientes, y por supuesto el tendero tiene que atender a esas necesidades porque si no, no vendes ni un real. ¿Cuántas clases de clientes hay en nuestra tienda?, pienso que innumerables, cada persona tiene una pirámide de apresuramientos, cada persona necesita algo de mí y en momentos distintos, puede ser que por la mañana alguien necesite medio kilo de mi bondad, y por la tarde un variado de casi todo, puede que a la mañana siguiente no sea medio kilo sino tres, por ello esa estantería debo tenerla bien cubierta, previendo que no puede quedar vacía, así porque sí. Los productos van cambiando día a día, y a veces, una estantería que creías que la ibas a liquidar resulta que se te queda llena, por ejemplo los besos, los abrazos, y la que tenías un poco aparcada se te acaba; la paciencia, y mientras que repones, existe un desequilibrio que puede ser de mayor o menor calibre , según tengas de bien puesto tu escaparate.
¿Y qué haces cuando tienes la tienda desordenada y desproporcionada?, pues que me tengo que retirar a la trastienda a por víveres, donde tengo baúles llenos de partes de mi ser también que no pongo a la venta fácilmente, tengo arcas llenas de: recuerdos, lágrimas, sensaciones, emociones, fotografías, melancolía, soledad, ira, egoísmo, tristeza...y voy abriéndolos para que vuelen en ese espacio y se mezclen entre sí, para conseguir volver y poner en orden de nuevo ese escaparate.
Considero que no estoy preparada todas las horas del día para ser asertiva, no me siento capaz de responder todas las necesidades de mi exterior, no puedo ser un escaparate constantemente, porque muchas veces he de regresar a mi hogar y cerrar, para poder ofrecer productos que yo misma considere de calidad y sea feliz ofreciéndolos, para ello tengo que probarlos yo misma y a veces hago uso de la magia para cambiarles el sabor.
Todos somos clientes, todos tenderos y todos tenemos nuestras necesidades y recetas para poder vivir con un equilibrio. Es necesario templar y ajustar los tiempos y los espacios para que nadie se quede sin saber lo que es caminar tranquilo y feliz por esta vereda que llamamos vida.
Hoy salían correteando mis sueños por la trastienda, ¿quieres compartirlos?
jueves, 5 de noviembre de 2009
Un mundo

Sobre el cristal de tus ojos,
hoy remanaba la paz y el silencio
el dibujo tenue de un beso,
la caricia entre tu iris y el deseo.
Sobre la luna que se esconde mojada,
esta noche abrumada de sueños,
se nieblan las calles de lino espeso
que arropan el frío de las puertas del invierno.
Sobre tus manos un mundo,
con olas que a tu orilla descansan,
con olas que se pierden mar adentro,
tus dedos aún firmes y abiertos.
Sobre mis manos alumbra
la luz de un sueño eterno
el boceto de las líneas de mi vida,
y el dulce viento del recuerdo.
Las drogas del amor

«El amor», afirma Grammer, «es una construcción cognitiva de lo que sentimos físicamente y de lo que sucede en nuestro cerebro. Y sucede que en nuestro cerebro existen una serie de neurotransmisores que comunican las células nerviosas entre sí y que entran en juego cuando encontramos a alguien que encaja en nuestro patrón y nos enamoramos. Entonces liberamos neurotransmisores que son como anfetaminas naturales, lo que nos hace sentirnos muy excitados, y el cuerpo tiene que calmar este efecto activando otro neurotransmisor. Por este motivo las personas atravesamos ciclos altos y bajos. Cuando se está enamorado se está eufórico y, al mismo tiempo, muy deprimido». Un cóctel de neurotransmisores explota en nuestro cerebro y en un principio nos produce gran excitación, la llamada euforia del enamoramiento, en la que experimentamos constante necesidad de estar en contacto físico con la persona amada. En ese momento el cerebro produce una hormona llamada oxitocina, conocida como la hormona del amor. Después, esta euforia inicial se va extinguiendo y cede el paso a una nueva etapa de lazos afectivos, de amor. «Entonces es cuando el cerebro produce las endorfinas, que son una especie de opio cerebral. Pero para producirlas se tiene que estar viendo a la persona amada, y si esa persona desaparece, el cerebro deja de producirlas. Por eso buscamos constantemente a esa persona, para verla todo el tiempo y poder obtener este opio del amor».
En esta especie de farmacología del amor que estamos enumerando, tenemos ya la oxitocina y las endorfinas. Pero después está la feniletilamina, curiosamente un compuesto orgánico que se encuentra en el chocolate (por eso se dice que la gente que tiene mal de amores necesita comer chocolate, una creencia que a juicio de los expertos tiene escasa base científica). En todo caso, durante el enamoramiento nuestro sistema nervioso libera también feniletilamina, una sustancia que sirve para cimentar los lazos afectivos. Ahora bien, parece que la libera únicamente durante tres años. Transcurrido ese tiempo, tenemos que enamorarnos de nuevo, ya sea de la misma persona o de otra distinta.
Por qué somos como somos, Eduardo Punset
El paciente inglés

"Amor mío te sigo esperando. Cuánto dura un día en la oscuridad...¿Una semana? El fuego se ha apagado y empiezo a sentir un frío espantoso. Debería arrastrarme al exterior pero entonces me abrasaría el sol. Temo malgastar la luz mirando las pinturas y escribiendo estas palabras. Morimos, morimos, morimos ricos en amantes y tribus y sabores que degustamos en cuerpos en que nos sumergimos como si nadáramos en un río. Miedos en los que nos escondimos como esta triste gruta. Quiero todas esas marcas en mi cuerpo. Nosotros somos los países auténticos, no las fronteras marcadas en los mapas con los nombres de hombres poderosos. Sé que vendrás y me llevarás al palacio de los vientos. Solo eso he deseado, recorrer un lugar como ese contigo. Con nuestros amigos, una tierra sin mapas. La lámpara se ha apagado y estoy escribiendo a oscuras".
El paciente inglés, Michael Ondaatje
Por siempre

Si la esmeralda se opacara,
si el oro perdiera su color,
entonces, se acabaría
nuestro amor.
Si el sol no calentara,
si la luna no existiera,
entonces, no tendría
sentido vivir en esta tierra
como tampoco tendría
sentidovivir sin mi vida,
la mujer de mis sueños,
la que me da la alegría...
Si el mundo no girara
o el tiempo no existiese,
entonces, jamás moriría
Jamás morirías
tampoco nuestro amor...
pero el tiempo no es necesario
nuestro amor es eterno
no necesitamos del sol
de la luna o los astros
para seguir amándonos...
Si la vida fuera otra
y la muerte llegase
entonces, te amaría
hoy, mañana...
por siempre...
todavía.
Mario Benedetti
miércoles, 4 de noviembre de 2009
En el fuego y en la brisa

Sigo abriendo la caricia junto a tí,
mirándote, sabiéndote, adorándote,
sigo deseando vivir en ese tu halo
donde regresé cada noche que rompí.
Abriendo el alba con mi primer aliento,
sigo buscándote entre mis sábanas,
persiguiendo tus manos en mi cara,
despierto, suspiro y no te encuentro.
Subiendo entre las nubes tempranas,
voy percibiendo la lluvia de mis lágrimas,
cosiendo con tus hilos mis sueños,
camino cantando y bailando con mi alma.
Así voy entretejiendo mi cordura,
con mis sueños y el cristal que me apresó
a tí, a tú, a miyo, a mi gran amor
no puedo partir en dos mi, nuestra partitura.
Música que suena en el fuego y en la brisa,
tormentas, olas lentas llegan a la orilla,
mi espuma rompiendo en tí sin avaricia,
sigo abriendo eternamente mi caricia.
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