lunes, 21 de diciembre de 2009

Un romance muy peligroso



"...son cosas que pasan, es como si ves a alguien por primera vez, alguien con quien te cruzas en la calle, y os miráis por unos segundos y surge una especie de atracción, sentís que los dos compartís algo..."

Tierras de cristal




Jun estaba con la cabeza apoyada en el pecho del señor Rail. Hacer el amor de aquella forma, la noche en que él volvía, era un poco más hermoso, un poco más simple, un poco más complicado que en una noche cualquiera. Algo flotaba en el aire, como el esfuerzo por recordar algo. Flotaba en el aire un sutil temor de descubrir quién sabe qué. Flotaba en el aire la necesidad de que en cualquier caso fuera bellísimo. Flotaba en el aire un deseo un poco impaciente, un poco feroz, que no tenía nada que ver con el amor. Flotaban en el aire un montón de cosas.
Después..., después era como empezar a escribir de nuevo a partir de una página en blanco.
Fuera el que fuera, el viaje que había llevado a cualquier lugar del mundo al señor Rail desaparecía en el vaso de agua de aquella media hora de amor. Volvían a empezar desde el momento en que se habían separado. El sexo borra pedazos de vida que uno no es capaz de imaginarse. Quizá sea estúpido, pero la gente se abraza con ese extraño furor ligeramente pánico y la vida sale de él estrujada como un papelito apretado en un puño, escondido con un gesto nervioso de temor. Un poco por azar, un poco por fortuna, desaparecen en los pliegues de esa vida apelotonada jirones de tiempo dolorosos, o cobardes, o nunca comprendidos. Así es.
Tierras de cristal, Alessandro Baricco

domingo, 20 de diciembre de 2009

El río, Cortázar



" Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme. Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos. "
El río, Fragmento de Final de juego, Julio Cortázar

Amar


" Amar es hacer un nido,
que dos almas contienen,
tener miedo de estar sólos,
decir con lágrimas: viene,
Flor, querida, novia, mujer…
Contenemos el mismo cuadro negro…
Julieta, yo su Romeo:
Correr, gritar: ¿dónde vamos?
¡Que luz! ¡Que olor! ¿dónde estamos?
Y oír una voz: ¡en el cielo!
Vagar por los campos florecidos
Que la tierra misma no alcanza;
Llegamos locos, perdidos
dónde no llega nadie…
Y, al pie de las corrientes tranquilas,
Que reflejan vivientes palmas,
Decirte: siéntate aquí;
¡Y además, en el margen sombrío,
Ver un escorzo salvaje,
Asombrado observándote! "
Tobías Barreto

El baile de la victoria

" Al ingresar en la zona, el joven no pudo impedir que la felicidad lo desbordara. Era como si una ducha de pistones, semejante a aquella que usan para pintar la carrocería de los autos, le hubiera barrido el sarro que acumulaba en sus entrañas. Se sentía limpio, ligero, y al darse cuenta de que estaba a punto de ejercer en plena calle una cabriola de baile, entendió por primera vez a aquellos héroes de los musicales de Hollywood que se ponían a cantar o a bailar cuando caían en éxtasis.Se había descargado de tantas mochilas que le doblegaban el lomo que ahora se sentía un animal liviano y flexible, ágil de mente y rápido de pezuñas. Dúctil, y tan transparente que le parecía que todo el mundo se daría cuenta de la doble fuente de su felicidad: eso que sentía por Victoria Ponce era muy probablemente lo que en el cine y las canciones llamaban «amor», y la indicación de Vergara Greyde que recogiese del hotelucho las chaquetas jeans de la Schendler sonaba como una señal de que el Golpe había prendido en su alma.Desde la madrugada, cuando había galopado al rucio ganando su carrera, sentía que la suerte le llovía a raudales, que a su alrededor una patota de ángeles le agenciaban milagros y le provocaban lucideces imprevistas. Esos escurridizos y etéreos señores, diligentes y benévolos, cuidaban de que nada malo le pasara, de que aflojase, por ejemplo, la presión de la bufanda en el cuello de buey del alcalde, librándolo así de un asesinato. "

Alejandro Fernández. Estuve

viernes, 18 de diciembre de 2009

Haiku

A una amapola
deja sus alas una mariposa
como recuerdo.
Îo Sôgi (1421-1502)


Coco Chanel


Revolucionaria, con mal carácter y una infancia difícil, transformó el mundo de la moda. Gabrielle Bonheur (Coco Chanel) nació en el orfanato de Saumur el 18 de agosto de 1883, hija de una enferma de tuberculosis y un vendedor ambulante que abandonaba el hogar durante largas temporadas. Cuando tenía doce años su madre fallece y su padre la abandona en el hospicio de Obazine, donde las monjas le enseñarían a coser. Estos comienzos tan duros de su vida marcarían profundamente el carácter de Coco aunque serían también la inspiración de su moda revolucionaria.En 1909 comienza su andadura en el mundo de la moda diseñando sombreros en París.
En 1910 con el apoyo económico de su amante, Boy Capel, inaugura su primera tienda de ropa: Modas Chanel.
Escandalizó a los caballeros con su corte de pelo a lo garçone y convirtió el uniforme del orfanato, el vestido negro, en todo un clásico de la elegancia. Rompió los corsés y desplumó los sombreros para imponer un nuevo estilo en el que lujo y elegancia significaban sencillez y libertad de movimientos. Con ella el tono bronceado de la piel dejo de ser un símbolo de pobreza y trabajo en el campo para convertirse en una moda que aún hoy perdura.
En 1914 creó una ropa cómoda inspirada en los uniformes de los mayordomos y de los mozos de cuadra, pantalones y camisas marineras, una ropa cómoda para una época de guerra. En la década de 1920 lanzó un mítico perfume, Chanel Nº5, siendo la primera diseñadora que lanzaba un aroma y en la década siguiente aparecieron sus primeros cosméticos, una pequeña línea compuesta de lápiz de labios, colorete y polvos translúcidos.
En los años 50 era toda una celebridad, entre sus clientas se encontraban Brigitte Bardot, Catherine Hepburn, Jackie Kennedy, Elizabeth Taylor, Grace Kelly o Marilyn Monroe. Su joyería de fantasía, mezcla de piedras preciosas y metales baratos, perlas, cadenitas a la cintura, sus trajes sastre, los broches de C entrelazada y las camelias son los estandartes de una mujer que se hizo a sí misma, que forjó su propia fortuna y que revolucionó la manera de vestir de las mujeres del siglo XX.
Tuvo muchos amantes pero ningún marido, deslenguada y dueña de un imperio murió sola en su habitación del Hotel Ritz el 10 de enero de 1971 en París.


"El lujo es una necesidad que empieza cuando acaba la necesidad"

Coco Chanel

Picnic, 1955

El cuenco de laca, Schwartz


"...Guardó silencio nuevamente. Después cogió con delicadeza el tintero de laca. Lo estuvo contemplando un largo rato. - ¿Sabes cómo se hace la laca? - Hice un gesto negativo - Es un procedimiento muy largo, de años y años, y muy complejo. Cualquier cosa puede estropearlo: una mota de polvo, un rasguño, un descuido... El árbol de la laca, Tsichu, produce una resina muy parecida a la de los pinos en Europa. Esta resina se recoge con conchas de mejillón; la operación debe hacerse al alba, por tiempo cubierto, pero no lluvioso: el sol oscurecería la laca antes de tiempo y la arruinaría. La resina se conserva e recipientes de bambú tapados con papel para evitar el contacto con el aire, como vosotros hacéis con vuestras mermeladas. Es preciso ser cuidadoso en el manejo de ese líquido porque es muy venenoso -sonrió-, como los presos de Hoa Lo. Después, una vez que se dispone de la primera laca, hay que fabricar, modelar los objetos que van a ser lacados. Por lo general se utiliza madera de ciprés o de vang-tam, que se lijacon gran cuidado; los agujeros que quedan se rellenan con una pasta de laca mezclada con arcillay serrín. Entonces se aplica una primera mano de laca cruda con la que se tapan todos los poros aún abiertos. Se deja secar y se lija de nuevo hasta la misma superficie de la madera. Después se le pega al objeto una finísima tela y se empiezan a aplicar las siguientes manos de laca, sola o mezclada con arcilla, con tierra, con serrín, dependiendo de la consistencia y finura que se pretenda obtener. Cada capa es puesta a secar y, después, lijada con piedras rugosas o con carbón de camelia. Para aplicar las capas se usan unos pinceles especiales que hay que afilar continuamente, como si se tratara de lápices. Y así, una capa tras otra, durante años. -Con el dorso de la otra mano hizo un gesto ligero, como si estuviera aplicando una pincelada-. Sí, al principio es transparente, pero al contacto con el aire se acaba volviendo opaca. La laca negra se obtiene amasándola durante días, como si fuera manteca, remezclándola con una pala de madera; luego se vuelve la pasta en un paño de lino y se retuerce, como se hace con la ropa recién lavada, hasta que la laca pura cae en un recipiente. Cuando todo está terminado, puede empezarse a decorar el objeto, con rojos de cinabrio, amarillos de cadmio, blancos de sulfato de bario o, mejor aún, de cáscara de huevo, y oro y plata. Y una vez terminada la decoración, daremos una nueva capa de laca transparente, aplicada esta vez con un pince hecho de cabellos de un niño de entre ocho y diez años. Es esencial que sea un niño de esa edad porque, si no, todo el proceso se estropearía -sonrió una vez más y bajó la voz-: Aunque hay quien dice que que la cola de una vaca da el mismo resultado. En fín -añadió levantando hacia mí el pequeño tintero que sostenía entre los dedos índice y pulgar-, este humilde tarrito, que no es nada y apenas si cuesta unos dong, ha sido hecho y pulido y pintado y pulido a lo largo de años de paciente labor. Es pequeño pero indestructible. Se secó al sol y maduró bajo la lluvia, con calor y con frío. Nada será capaz ya de doblarlo o descascarillarlo. Se ha endurecido como el diamante. ¡Un pequeño objeto sin valor! Pero contiene más sabiduría y más paciencia de la que jamás aplicaron los pintores del Renacimiento o los orfebres de San Petersburgo. -Posó el tintero a su lado, sobre la bancada-: ¿Me entiendes?"...
El cuenco de laca, Fernando Schwartz