viernes, 18 de diciembre de 2009

Sade


"Las experiencias más importantes del hombre
son aquellas que lo llevan al límite."
Marqués de Sade

Sueños de seda

Pensar sobre que es la vida,
a veces me trae a la imaginación,
un paisaje interminable cubierto de arena,
donde recorro un sendero sin bordes,
y mis pies, paso tras paso, caminando,
encuentran piedras, que atrás van dejando.

Me siento a descansar, mi boca seca,
necesito aliento, un lago donde apagar mi sed,
mi garganta desespera
en busca del aire que no llega,
en mis manos,
el reflejo de un sueño bordado en seda
que acariciaron mis noches enteras.

Retomo mi ruta, otro año, se abren mis gardenias,
revive el tono de los verdes de mi hiedra,
y en aquel rincón de mi patio,
mi pájaro se resigna a cantar,
y entre sus notas,
sube un do mayor de libertad.

Entra de nuevo la luz entre mis pestañas,
que juguetean revueltas entre los baños de mis ojos,
que amanecen con el brillo que esperaban,
tras tantos años de arena pisada.
Dejan en el camino plasmado
el museo de la historia de un corazón,
el recuerdo de unas risas tempranas,
un pozo de monedas lanzadas.

Y mis manos ahora se esconden,
entre el manto de los sueños
donde se abrigan y refugian,
entre magia y caricias,
entre el calor de una llama,
que en silencio las reclama,
una llama que no es roja, ni quema,
ni arde con un pedazo de madera,
es más que eso,
es tu mirada…
la que guarda mis manos,
la que da cobijo a mi alma,
en mis sueños de seda bordada.

¿Naranja o violeta?


Qué bonito sería vivir contigo aunque fuera en el fondo del mar y poder abrazarte tal y como la imagen que ves.
Qué bello sería poder estar a tu lado saboreando cada diálogo con o sin atención porque me pierdo entre tus labios sin darme cuenta y vuelvo a preguntarte, ¿cómo me decías?...
Qué maravilloso sería poder tocar tus manos con libertad y sentir..., es eso mismo sentir esa emoción que atraviesa mi cuerpo y mi mente como un calambre agradable y fugaz.
Podría decirte, escribirte o gritarte una vez más...te quiero, pero me encantaría quedarme en tus ojos y no utilizar las palabras que a veces se quedan tan en el aire que...no son lo que realmente significan.
¿Qué color te gusta más: naranja o violeta?...

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Nocturna




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Alfonsina Storni, programa Relatos entre brumas

The summer wind

II Carta a Francesca


16 de agosto de 1978
Querida Francesca:
Espero que te encuentres bien. No sé cuándo recibirás esta carta. Algún tiempo después de mi partida. Tengo sesenta y cinco años, y hoy hace trece que nos conocimos, cuando entré en tu sendero para pedir indicaciones.
Espero que este paquete no perturbe tu vida en modo alguno. No podría soportar pensar que las cámaras queden en estuches gastados en algún negocio de segunda mano, o en poder de un desconocido. Estarán bastante estropeadas cuando te lleguen. Pero no tengo a quien dejárselas, y te ruego que me perdones por ponerte en riesgo enviándotelas.
Entre 1965 y 1975 estuve casi todo el tiempo viajando. Para alejar la tentación de llamarte o ir a verte, una tentación que tengo virtualmente en todos mis momentos de vigilia. Acepté todas las misiones que pude fuera del país. A veces, muchas veces, me dije: "Al diablo, me voy a Winterset. Iowa, y me llevo a Francesca conmigo a cualquier costo".
Pero recuerdo tus palabras, y respeto tus sentimientos. Tal vez tengas razón; no lo sé. Lo que sé es que salir de tu sendero esa calurosa mañana de un viernes fue lo más duro que me tocó hacer en la vida. En realidad dudo de que muchos hombres hayan hecho jamás algo tan difícil.
Dejé el National Geographic en 1975 y dediqué el resto de mis años de fotógrafo a cosas elegidas por mí, haciendo algún trabajo donde lo encontraba, temas locales o regionales que sólo me obligan a estar afuera por unos días cada vez. Desde el punto de vista financiero es duro, pero me las arreglo. Siempre me las he arreglado. Gran parte de mi trabajo gira alrededor de Puget Sound, y eso me gusta. Parece que cuando los hombres envejecen se acercan al agua.
Ahora tengo un perro, un perdiguero dorado. Lo llamo "Camino", y viaja conmigo casi todo el tiempo, sacando la cabeza por la ventanilla, buscando buenas presas. En el setenta y dos me caí de un acantilado en Maine, en el parque nacional de Acadia, y me fracturé un tobillo. Con la caída se rompieron la cadena y el medallón. Afortunadamente cayeron cerca. Los encontré y mandé repararla cadena a un joyero.
Vivo con el corazón cubierto de polvo. Esa es la mejor manera en que puedo expresarlo. Hubo mujeres antes de ti, algunas, pero después de ti ninguna. No hice ningún voto de celibato; sencillamente no me interesan.
Una vez vi un ganso en Canadá a quien unos cazadores le habían matado la pareja. Sabes que se aparean para toda la vida. El ganso anduvo en círculos alrededor del estanque durante muchos días después de lo sucedido. Cuando lo vi por última vez nadaba solo en medio del arroz silvestre, siempre buscando. Supongo que la analogía es demasiado obvia para el gusto literario, pero es así como me siento.
En mi imaginación, en mañanas neblinosas o en tardes en que el sol se pone sobre las aguas al noroeste, trato de pensar qué puede ser de tu vida y qué estarás haciendo mientras pienso en ti. Nada complicado... salir al jardín, sentarte en la hamaca del porche, estar de pie ante la pileta de la cocina. Cosas así. Recuerdo todo. Tu olor, tu sabor de verano. La sensación de tu piel contra la mía, tus susurros cuando te amaba.
Una vez Robert Penn Warren usó esta frase: "... un mundo que parece abandonado de Dios...". No está mal, se parece bastante a lo que siento a veces. Pero no puedo vivir siempre así. Cuando esos sentimientos se hacen demasiado intensos, cargo las cosas en Harry y me voy de viaje por unos días con Camino.
No me gusta tenerme lástima. No soy de esa clase de hombre. Y la mayor parte del tiempo no me siento así. En cambio me siento agradecido por haberte encontrado. Podríamos haber pasado uno junto al otro sin percibirnos, como dos porciones de polvo cósmico.
Dios o el universo, o lo que uno elija para nombrar los grandes sistemas de equilibrio y orden, no reconoce el tiempo terrestre. Para el universo, cuatro días no es distinto de cuatro mil millones de años luz. Yo trato de tenerlo siempre presente. Pero, al fin y al cabo, no soy más que un hombre.Y todas las elucubraciones filosóficas que puedo conjurar no me salvan de desearte, todos los días, a cada momento ni del despiadado gemido del tiempo, el tiempo que nunca puedo pasar contigo, dentro de mi cabeza.
Te amo profundamente, totalmente. Y será siempre así.
El Ultimo cowboy, Robert
P.S.: El verano pasado le puse un motor nuevo a Harry. Anda muy bien.
Los Puentes de Madison County, Robert James Waller

El juego de la vida



Jugando con las cartas de la vida,
barajamos sin darnos cuenta,
con unas que a veces nos alegran
y otras que dislumbran penas.
-
Nadie impuso las reglas,
ni sabemos cómo moverlas,
aprender este juego de la vida,
toda la vida nos lleva.
-
Complicada, sencilla,
triste, bella,
una vida hay en nosotros,
una fuente de sueños para beberla.
-
Una fuente de sueños,
a veces seca, a veces muerta,
a veces llena y con agua fresca,
va dando la savia,
va dando el jugo, el carisma
y nuestra propia entereza.
-
Hacer la vida difícil y triste
es un trabajo fácil,
y llega,
es rodearnos de enfados,
competitividad, egoísmo,
materialismo, rechazos,
desinterés y ofensas.
-
Simplemente,
es más sencilla la vida,
de cosas bellas está adornada;
personas, animales, tierra...
cielo, viento, marea...
agua, nubes, estrellas...
nuestra luna,
y siempre alguien en algún lugar,
que nos quiera.
-
El amor y la vida,
grandes cómplices, dualidad eterna,
y siempre confundimos
creyendo que el amor no llega,
que el amor es encontrar pareja.
-
Que de amor la vida rebosa,
que se ama la tierra,
un libro, una rosa,
una voz, un poema,
un cielo de estrellas.
-
Que se ama la luna,
nuestra amada esfera,
oscilando su aro blanco
siempre brilla y nos alberga.
-
Que se ama a un amigo,
que a tu lado siempre se encuentra,
a ese que tanto le hablas,
a ese que tanto le cuentas.
-
Amar a la vida,
es lo que nos puede dar fuerza,
es la verdadera norma
de ese juego que está en nuestra mesa.
-
Y no hay que buscar el amor
el amor de una pareja,
que navegando en el mar está
con un gran mensaje en su botella,
buscando su arena
en la playa donde le esperan
los ojos llenos de lágrimas,
y el canto de una sirena.

Lagunas en el alba

Sigo soñando en las alcobas de mi corazón,
mirando a través de las ventanas de mi alma,
a sabiendas de no encontrar mi razón,
sigo soñando con un cielo donde exista mi calma.
Mis manos se abren buscando... sentir,
libertad ¿dónde te encuentras?,
¿no deberías ser aliada de la vida?,
recuerda...que aún soy esa niña.
Y sigo volando hasta el balcón de mi soledad,
a contemplar las luciérnagas que alumbran mi noche,
a saborear la savia autóctona de mi verdad,
romper el cristal de la campana que me corrompe.
Rápidas son las olas de los días que pasan,
salinas mis noches, mareas bajas...
vientos que sonríen, lluvias que arrastran,
y en mis manos...lagunas en el alba.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Becoming a Geisha

Echándote de menos

Quiero vivir en tus besos, en tus labios templados,
necesito rescatar el aire que dejé en tu saliva
para respirar tu alma, para sentirme tranquila
para escribir en tu espejo perdido en el vaho.
Noto un aleteo dentro de mí, noto que tiemblo,
tartamudean mis palabras sin saber si gritan,
sin saber que frase lograr para robarte un beso
para sentir que con tinta y versos ríen tus ojos negros.
Cantan las membranas permeables de mis células,
pasando el humor del amor hacia mi piel
alborotando los vellos de mi torso con caricias
pensando, sólo un deseo... volverte a ver.
Quiero vivir en tus besos, en tus caricias,
en cada movimiento de tu cara cuando junto a la mía
recorren un bello paisaje en nuestra galería
y se pierden en un óleo que sólo la luna pintaría.
Necesito de tí, de tus palabras frente a mis labios,
mi demanda camina cerca de una mirada casada
a mi corazón, mi naufragio se quedó a unos pasos,
a unos pasos, en tu arena, entre tus brazos.