viernes, 16 de agosto de 2013

Regreso








Nunca dejé tus manos vacías

ni tus sueños vagando en el viento, 

no puedo olvidar ni las mieles

ni las lunas, nuestros secretos. 




Acaricio cada letra de tu pluma

que danza en silencio y suspira

las emociones

los encuentros

la distancia

nuestras pieles

el aroma del último beso.




Cierro los ojos y regreso

manejo el tiempo y la vida,

con tus susurros y el recuerdo, 

con tu mirada y caricia

...y regreso.




miércoles, 23 de enero de 2013

De un beso







Dibujas con suave tacto
la línea de mi boca, 
contorno azul 
en mis labios tuyos;
 habito tu aliento,
 percibo tu alma...

Hay pájaros lilas, 
rumor de despedida. 

Un sabor acre
 palpita tenazmente; 
tiembla tu boca 
y mi nombre se deshace 
en tu lengua 
que me ata 
para darme muerte...

Confusión, enlace, 
en breve asfixia 
se diluye el tiempo 
en nuestros cuerpos,
 ramas verdes 
 sobre tierra.



Irma Soledad



viernes, 18 de enero de 2013

Las palabras








Un día 
ellas me enseñaron
 el verde de la vida 
que brota 
y desde entonces 
este lenguaje 
                                 me deshoja.






Inés Posada





Amor, razón de vida








Amor, razón de vida 
estás tan arraigado en mi existencia 
que si no estás, te invento. 
Y solamente 
viviendo así de tu sutil presencia, 
este duro vivir halla un motivo; 
para seguir en la pesada brega 
de no sólo existir. 

Profundo anhelo
 que embellece la vida; 
poderosa razón,
 motivo y causa de que 
te salgan alas
 y en un vuelo, 
remontarte hasta un cielo 
de esperanzas.




Esther Fernández




Haiku









Vivo el espejismo de estar contigo 


y así camino 


por un bosque en flor 


bajo la luna. 







AKIKO YANAKIWARA 






jueves, 17 de enero de 2013

Posesión luminosa









Igual que este viento, quiero
figura de mi calor
ser y, despacio, entrar
donde descanse tu cuerpo
del verano; irme acercando
hasta él sin que me vea;
llegar,, como un pulso abierto
latiendo en el aire: ser
figura del pensamiento
mío de ti, en su presencia;
abierta carne del viento,
estancia de amor en alma.

Tú blando marfil de sueño,
nieve de carne, quietud
de palma, luna en silencio-,
sentada, dormida en medio
de tu cuarto. Y yo ir entrando
igual que un agua serena,
inundarte todo el cuerpo
hasta cubrirte y, entero
quedarme ya así por dentro,
como el aire en un farol,
viéndose temblar, luciendo,
brillar en medio de mí,
encendiéndose en mi cuerpo,
iluminando mi carne
toda ya carne de viento.



Emilio Prados




miércoles, 16 de enero de 2013

Encuentro









Si la vida 
nos regala otro encuentro 
te dejaré ser tú 
seré 
sencillamente yo 

Escucharé 
la melodía 
de tu música 
y la mía 
cuando se unan.





María Clara González






Mientras tú existas...








Mientras tú existas, 
mientras mi mirada 
te busque más allá de las colinas, 
mientras nada 
me llene el corazón, 
si no es tu imagen, y haya 
una remota posibilidad de que estés viva 
en algún sitio, iluminada 
por una luz cualquiera... 
                                                Mientras 
yo presienta que eres y te llamas 
así, con ese nombre tuyo 
tan pequeño, 
seguiré como ahora, amada 
mía, 
transido de distancia, 
bajo ese amor que crece y no se muere, 
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.




Ángel González




Sofía de los Presagios







Sofía se sienta cerca del fuego. Samuel ve su cara iluminada con la anticipación y la curiosidad y saca de su morral las flores que antes cortara.

—Vení cerca de mí —le dice.

Sofía se acerca. Entre los dos se han establecido corrientes cómplices y subterráneas avivadas por la noche, la luna y el fuego.

Samuel echa las flores en la fogata y le indica que se acuesten los dos con la cabeza a pocos metros de la fogata en la dirección de donde sopla el viento, para que el humo y los vapores viajen hacia ellos. Sofía le obedece. No bien se acuesta en el suelo, siente que la excitación cede paso a una sensación de bienestar. Es placentero sentir la tierra bajo su espalda y ver la luna asomándose entre las pequeñas hojas del guayacán que forman dibujos 
negros en la sombra. Samuel se acuesta a su lado. Ella siente su respiración fuerte y 
su mano ancha y áspera buscando la suya. Deja que él le tome la mano y cierra los ojos, esperando experimentar las sensaciones que él ha vaticinado. La mano de Samuel empieza a moverse sobre su brazo y antebrazo. Sofía 
siente ligeros estremecimientos empezar a invadirle el pecho, desmadejándola. Hace mucho que nadie la acaricia. Nadie la ha acariciado jamás así de suave. Es cierto lo que dijo Samuel, se experimenta más liviana y un calor de flores le entra en las venas y baja hacia su ombligo. Con los ojos cerrados deja que las manos de Samuel suban hacia sus hombros, su cuello, el contorno de su frente, la 
profundidad de su pelo ensortijado. Ya no siente aspereza en su contacto, las manos de Samuel se han trocado en mariposas ciegas que revolotean sobre todo su cuerpo. Sin abrir los ojos, deja que el hombre le incline la espalda para quitarle la blusa; las mariposas, entonces, revolotean sobre sus pechos desnudos y cuando él le quita la falda, el calor de su cuerpo es ya tan intenso como el de la fogata y 
cuando abre los ojos, Samuel se ve hermoso y color de cobre bruñido, desnudo, despojándola del último vestigio de ropa. Las mariposas se posan tanteando sobre su sexo y Sofía abre las piernas y siente la urgente necesidad de ser penetrada hasta lo profundo de sí misma. Sin embargo, Samuel continúa multiplicando 
milagrosamente sus manos y a Sofía le parece que los arillos y las luciérnagas danzan con él en el cortejo de los machos y también le están haciendo el amor todas las criaturas de la noche. Por fin siente el sexo de Samuel entrando en su interior, un sexo vivo y de alta temperatura, cómodo y que no la ofende como el enorme miembro de Rene. En ese momento nada existe para ella más que el movimiento fluido de aquel cuerpo hurgándole el placer que ella jamás ha conocido de esta forma. El hombre excava tenaz abriéndola a un mundo de 
experiencias apenas intuidas en sus solitarias exploraciones consigo misma. Sofía gime, se mueve contribuyendo en la búsqueda ciega del punto mágico que detonará los diques de las aguas que suben y buscan salida. La fogata apenas existe aún, la oscuridad es más densa.
Samuel y Sofía jadean y murmuran cada vez con más urgencia hasta que ella siente que el vientre se convierte en flor y abre todos sus pétalos invadiéndola del polen de él cuyo pistilo ha llegado también a la floración del orgasmo entre los gritos de placer de ambos.




Gioconda Belli




martes, 15 de enero de 2013

Si el hombre pudiera decir lo que ama








Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.





Luis Cernuda