sábado, 14 de noviembre de 2009

Quiero ser todo en el amor

" Quiero ser todo en el amor
el amante
la amada
el vértigo
la brisa
el agua que refleja
y esa nube blanca
vaporosa
indecisa
que nos cubre un instante. "
Claribel Alegría

Metafísica

" Creemos, sin embargo, que el saber y el entender pertenecen más al arte que a la experiencia y consideramos más sabios a los conocedores del arte que a los expertos, pensando que la sabiduría corresponde en todos al saber. Y esto, porque unos saben la causa y los otros no. Pues los expertos saben el qué, pero no el porqué. Aquéllos, en cambio, conocen el porqué y la causa. Por eso a los jefes de obras los consideramos en cada caso más valiosos, y pensamos que entienden más y son más sabios que los simples operarios, porque saben las causas de lo que se está haciendo; éstos, en cambio, como algunos seres inanimados, hacen, sí, pero hacen sin saber lo que hacen, del mismo modo que quema el fuego. Los seres inanimados hacen estas operaciones por cierto impulso natural y los operarios, por costumbre. Así pues, no consideramos a los jefes de obras más sabios por su habilidad práctica, sino por su dominio de la teoría y su conocimiento de las causas. En definitiva, lo que distingue al sabio del ignorante es el poder enseñar, y por esto consideramos que el arte es más ciencia que la experiencia, pues aquéllos pueden y éstos no pueden enseñar. "


Aristóteles


Esto es amor

Esto es amor, esto es amor, yo siento
en todo átomo vivo un pensamiento.
Yo soy una y soy mil, todas las vidas
pasan por mí, me muerden sus heridas.
Y no puedo ya más, en cada gota
de mi sangre hay un grito y una nota.
Y me doblo, me doblo bajo el peso
de un beso enorme, de un enorme beso.
Alfonsina Storni

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Palabras sabias

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."
Albert Einstein

Se querían



Se querían.Sufrían por la luz,
labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando.
Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma.

Se querían, sabedlo.

Vicente Aleixandre


martes, 10 de noviembre de 2009

El museo de la Inocencia



Fue el momento más feliz de mi vida y no lo sabía. De haberlo sabido, ¿habría podido proteger dicha felicidad? ¿Habría sucedido todo de otra manera? Sí, de haber comprendido que aquel era el momento más feliz de mi vida, nunca lo habría dejado escapar. Ese momento dorado en que una profunda paz espiritual envolvió todo mi ser quizá durara solo unos segundos, pero me pareció que la felicidad lo convertía en horas, años. El 26 de mayo de 1975, lunes, hubo un instante, hacia las tres menos cuarto, en el que pareció que, de la misma forma que nos liberamos de nuestras culpas, pecados, penas y remordimientos, también nos liberamos de las leyes de la gravedad y el tiempo en el mundo.
Besé el hombro de Füsun, sudoroso por el calor y el sexo, la abracé lentamente, entré en ella y le mordí ligeramente la oreja izquierda, cuando de súbito el pendiente que llevaba pareció quedarse detenido en el aire durante largo rato y luego cayó por su propio peso. Éramos tan felices que fue como si no percibiéramos aquel pendiente, en cuya forma no me había fijado ese día, y seguimos besándonos.
Fuera lucía ese cielo resplandeciente tan característico de Estambul en los días de primavera. En las calles el calor hacía sudar a los estambulíes, que aún no se habían librado de los hábitos del invierno, pero en el interior de las casas, en las tiendas y a la sombra de los tilos y los castaños seguía haciendo fresco. Notábamos una frescura similar procedente del colchón que apestaba a rancio sobre el que hacíamos el amor olvidados de todo como niños felices. A través del balcón abierto sopló una brisa primaveral con perfume a mar y a tilos que levantó los visillos, los dejó caer a cámara lenta sobre nuestras espaldas y provocó un escalofrío en nuestros cuerpos desnudos. Desde aquella habitación de atrás del segundo piso, desde la cama en la que estábamos, veíamos en el jardín a unos niños que jugaban vehementemente al fútbol insultándose, y al darnos cuenta de que las palabrotas que se decían correspondían exactamente a lo que estábamos haciendo, nos detuvimos por un instante, nos miramos a los ojos y nos sonreímos. Pero nuestra felicidad era tan profunda e inmensa que enseguida olvidamos el chiste que la vida nos ofrecía en el jardín de atrás del mismo modo que nos habíamos olvidado del pendiente.


El museo de la inocencia, Orhan Pamuk


Sensaciones al aire


Cuando la vida te va dando trozos de cielo, a veces no sabes que hacer con ellos, no sabes como asirlos con tus pequeñas manos, no entiendes como guardar ese tesoro, ni imaginar como la vida te invade con un manto intenso rodeando tu cuerpo...y tu alma.
Recuerdo cuando era pequeña, no tanto, casi adolescente, y veía esas películas románticas, en las que ella conseguía ese amor, que en esos años, piensas que a ti te tocará algún día, y ese día llorarás de verdad por ese sentimiento, y vas guardando esas imágenes, esos besos intensos y retorcidos, esas miradas, esos encuentros a veces fructuosos, esas imágenes de manos sólo rozándose...y esperas, esperas, e incluso en tu primer amor lo vas buscando, vas intentado reunir esos fotogramas, porque en realidad nadie te enseñó a besar, nadie te enseña a amar, nadie te enseña lo que es sentir. Y precisamente cuando sabes de todo, cuando ya llegas a lo que llamas el climax de tu vida, cuando crees que todo lo sabes, llaman a tu puerta y se presenta una persona que entra en tu cocina sin avisar y te cambia las cacerolas de sitio, revuelve tu despensa y se bebe la leche condensada que guardas con anhelo y sin que nadie lo sepa para tus hipoglucemias.
Entonces piensas y dices, ¿qué narices me está pasando? si yo nunca he compartido mi leche condensada? si mi cocina es intocable, si en la vida yo creía saberlo todo, si mi corazón lo tenía todo ya sentido?, buenoooo....reflexionas, filosofeas, cantas y lloras, y al final, te das cuenta de que no tienes ni idea de lo que está ocurriendo por ahí dentro donde se controlan las emociones, donde se supone que hay un duende vigilando tus pulsaciones.
A veces controlas, porque te da miedo, terror que alguien ande ahí dentro sin tú saber porque no suenan las alarmas que un día instalaste, y otras resulta que ese alguien que ya sabes quien es, que ya conoces, que es parte de ti, tiene vía libre para hacer nubes de tu organismo y de lo más volátil de ti, de tu espíritu, del centro de tus sensaciones, y cuando termina de recorrer todo ese adentro, resulta que se pinta una sonrisa en tu cara, que tu piel se vuelve de otro color, como brillante, que tus ojos son dos espejos, que tus manos están abiertas, que tu saliva sabe de otra manera, que tus sueños van caminado solos entre una niebla tenue y cálida, que la vida se torna de los colores de un arrebol, y que hasta tus canas se vuelven flexibles. En realidad, es un sueño dentro de una vida recorrida, un sueño de una niña que saltaba y cantaba hace muchos años, pero que conserva ese corazón esperando algunos saltos imberbes, algún latido inadaptado, ese calor que no tiene temperatura.
Quiero y no quiero pensar en ti, pero como puedes comprobar no es de mi control, no puedo saltar la comba cuando no hay cuerda, pero me la imagino y salto, no puedo pintar un cuadro sin texturas, pero mi mente a tu lado pinta cuadros que no se podrán vender nunca, pero están en un museo que sólo tú y yo podemos admirar. Te quiero cuando estás y cuando no, te quiero en el sueño y en la realidad, no hay razón y sí la hay, no hay explicación y existe también, y es maravilloso estar a tu lado y en este caso pues también cuando no lo estoy, porque siempre existirá nuestro mitumiyo, que nadie entenderá más que tu corazón y el mío.
Cuando leas estas frases supongo que estaremos juntos, y no se cruzarán palabras por ello, pero cuando me mires sabrás todo lo explicado o lo que he intentado expresar sin pensar, porque en realidad nada de lo que me ocurre, nada de lo que siento puedo desmenuzarlo y ponértelo como un recuerdo, como una narración o como una carta que nunca pudiera ser borrada o tirada en pedazos por el aire. Me encantaría que mi carta se pudiese escribir sin tinta, sin papel, sin pensamientos, sino que fuera pintada con mi iris entre tus labios.

Sensibilidades

"No es amor, el amor que al percibir un cambio cambia. O no, es un faro inmóvil que contempla las tempestades sin moverse."
Sentido y Sensibilidad



Pasa que...

Aún tengo cordura en mi corazón,
y recuerdo aquel susurro
entre el sudor y el suspiro,
se fugó la razón.

Aún me siento callada,
mis manos entre las sienes,
sienten el silencio rancio,
en la piel, en mi alma varada.

De nuevo mi pluma danza,
en las lagunas blancas
de una tristeza quieta
que me grita:¡Calma!.

Vuelvo a buscar mi soledad,
amiga de mí, de mis noches,
de mis albas, de mi vida
que se torna cansada.

Regreso a teñir las letras
que dan forma a lo sentido,
sentir y vivir,
dan forma a las lágrimas.

La palabra más hermosa



El viaje de la esperanza… palabras residuales, entre las muchas que se sedimentan en el fondo de un día. Las he leído en la farmacia, en un tarro de cristal junto a la caja, tenía la ranura para meter las monedas y la fotografía de un niño pegada con cinta adhesiva, uno de aquellos que hay que llevar lejos para que puedan operarle, un viaje de la esperanza, eso es. Doy vueltas sobre la almohada, entre resoplidos. Observo el cuerpo de Giuliano, inmóvil, pesado. Duerme como siempre, boca arriba, con el pecho desnudo. De vez en cuando lanza un pequeño gruñido, como una bestia calma que espantara mosquitos. Esperanza, pienso en esta palabra que cobra forma en la oscuridad. Tiene la cara de una mujer un poco abatida, de aquellas que arrastran su derrota y sin embargo logran salir adelante con dignidad. Mi cara, quizá, la de una muchacha envejecida, detenida en el tiempo, por fidelidad, por temor.
Salgo al balcón, veo lo de siempre. El edificio que hay frente al nuestro, las persianas entornadas. El bar con el letrero apagado. Es el silencio de la ciudad, polvo de ruidos lejanos. Roma duerme. Duerme su fiesta, su pantano. Duerme la periferia. Duerme el Papa, sus zapatos rojos están vacíos...