martes, 8 de enero de 2013

Unidad en ella








Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma extensa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que se me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor
enrojecido al rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.



Vicente Aleixandre




domingo, 6 de enero de 2013

Sucesiva







Déjame acariciarte lentamente
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.

Onda tras onda irradian de tu frente
y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.

Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial de tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.

Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.




Gerardo Diego



sábado, 5 de enero de 2013

Amor







El amor, ¿a qué huele? Parece, cuando se ama,
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
y él sigue ardiente y joven, oliendo a la rosa eterna.

Por todas partes abre guirnaldas invisibles,
todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
la mujer a su beso cobra un sentido mágico
que, como en los senderos, sin cesar se renueva...

Vienen al alma música de ideales conciertos,
palabras de una brisa liviana entre arboledas;
se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto
dejan como un romántico frescor de madreselvas...




Juan Ramón Jiménez





viernes, 28 de diciembre de 2012

Mi pequeño baúl










En nuestra literatura existen unos fenómenos que realzan la prosa y la poesía, que en cierta manera agrandan o empequeñecen los sustantivos, adjetivos, personas, materias, estados...Es una algarabía de cosas imposibles. Algo como: ..."tienes los ojos azules como el mar", nadie puede tener el azul del  mar, ..."el cielo se vistió de gala", el cielo no se viste nunca.

Es el pequeño baúl de las cosas imposibles, tengo uno de ellos, cuando por ejemplo miro tus manos, me trasladan a un cielo dorado donde mi imaginación puede alcanzar esos momentos en las que las he acariciado. 

Cuando tus labios tocan a los míos, el mundo cambia de color y mi cuerpo se transforma en esa diminuta larva que está asomando sus alas para saber cuánta felicidad te proporciona la luz y el aire que está a nuestro alrededor. 

Cuando tu cuerpo sólo se acerca al mío, y la química ya fracasa con sus fórmulas contrastadas, porque esa fusión no es compatible con la teoría, pertenece al mundo de dos almas que se funden para utilizar su energía en un cielo con estrellas propias que se visten de gala entre nuestras pieles. 

Cuando en la distancia, mi corazón me habla en cada latido de ti.

Cuando aparece tu mirada quieta entre mis ojos, y me trae los versos que has escrito cuando nadie te ve. 

Cuando camino sola y te siento a mi lado rozando mi oído con tus te quiero. 

Cuando vienes en la noche a mis sueños y me acaricias la sien suavemente y abrazo mi almohada. 

Existe un baúl lleno de cosas imposibles, que haces que sean reales, como en esos cuentos de hadas y duendes, porque haces que los momentos tengan sensibilidad para amarnos una vez más. 

Es buen momento?...




jueves, 27 de diciembre de 2012

Necesito...






Necesito volar 
a tu lado, 
entre tus brazos,
sobre tu regazo,
mirándote
despacio.

Necesito de ti,
de tu calma, 
tus susurros 
a la orilla 
de mi alma
mientras bailas.

Necesito el aire
de tu boca
cuando me besa
cuando me canta
ese te quiero
en las sombras
del silencio.

Necesito tu mar
para navegar
junto a ti
dejando atrás
las sábanas
de la nostalgia.


Te necesito
Siempre...



domingo, 23 de diciembre de 2012

Lady.-Kenny Rogers







Se me cae el alma escuchando esta canción...

Canción lejana









Y yo también como la tarde 

toda me tornaré dichosa 

para quererte y esperarte. 

Iluminada de tus ojos 

vendrá la luna, 

vendrá la luna por el aire. 




Tú me querrás inmensamente. 

Mi corazón será infinito 

para la angustia de tu frente. 

Yo te daré los sueños míos: 

amor, dolor, sencillamente. 

Después será la enamorada sonrisa, 

el beso, la memoria llena de ti, maravillada. 

Y el gozo azul de estar contigo 

fuera del tiempo, sin palabras. 

De golondrina en golondrina 

nos llegará la primavera 

de la mirada pensativa. 

Y un mismo cauce de dulzura 

tendrán las rosas y los días. 

Yo te daré los sueños míos: 

amor, dolor, sencillamente. 







Meira Delmar




Paisaje con mar








Pardo lecho de arena,
playa inerte, 
plural surtidor de toda raza, 
cauce donde lo vital fluye y palpita. 


La luz 
divide el mundo 
en hemisferios: 
separa un duro azul bruñido luz arriba, 
abajo el otro agita sus líquidos metales. 
Lentas palmeras en el sopor creciendo, 
el viento en cada giro las despierta 
y son penumbra 
sobre 
las pieles húmedas. 


El sol,
sensual hermafrodita, 
husmea los cuerpos tan mansos e indolentes, 
hornea la oscura cosecha entre los muslos, 
penetra cada pliegue, lento asedio, 
y los cuerpos se entreabren 
como frutos. 


El mar,
ensalmador de 
sueños y de viajes, 
va por la playa con la lengua de sus olas, 
lame un vientre, un labio, un pezón de plácida 
escarlata, 
una barba de miel, la fina espada 
y el sellado pubis 
de un muchacho. 


Múltiple
lengua de mar, 
tibia saliva 
que deja en largos besos salitrosos 
lodo continental, residuos cósmicos, 
itinerante resaca de los barcos, 
la baba seminal de los mariscos 
y el llanto liminar de 
los ahogados. 


Los cuerpos,
desalojados del ensueño,
van hacia el mar, patria de la nostalgia, 
buscando su raíz de oscura ciencia, 
cordón umbilical de la inocencia, 
forma que vuelve al agua, 
agua que la rescata. 




Flor Alba Uribe