viernes, 4 de mayo de 2012

Respuesta






" Te hablo, oh antena temeraria, 

con la armonía de mi río profundo 
y de mi lago sin copia de palmeras. 

Quiero saber, hombre lejano que me llevaste 
por una ribera muy tuya para mí desconocida, 
si en un paso de insomnio 
tus pájaros briosos y relucientes 
picaron en las moras zumosas de mi soledad. 

Si me sentiste allí, 
en la espesura de tu bosque sumido, 
como hoja soterrada, 
como liana sin anillo, 
como brisa curiosa 
castigada en cárcel vaporosa y oscura. 

Si me aspiraste en el último humo de la tarde 
o si pasé despertándote por tu más raro amanecer. 

Dime si le nací a tu sentir en nube de promesa 
o en volcán impaciente y a punto, 
o sobre hierbas ya pardas. 

Dime si me tomaste como canción de sueño 
o como lengua de fuego en extravío dichoso, 
o si sólo amaste en mí una arena apagada. 

Quiero saber si tu pulso de fiebre 
imaginó el candente lejos de mi sangre 
o si fui la mancha casta de tu medianoche. 

No sé si me invitaste a ver dolores esforzados, 
a beber ráfagas de trastornados vientos, 
a vivir contigo una hora noble en que luce morir. 

¿Probaste mis panales sin destino? 
¿Entraste a mi huerto de manzanas incorpóreas? 
¿Quebraste la redoma de mi esencia desurcada? 
¿O se rompieron en mis muros 
tus suspiros magníficos? 

Di si pensabas que te dejaba cruzar mis abismos 
con embriaguez espoleante, 
derramando mi ungüento en tus raíces 
o que ordenaba sobre tu pecho 
que fueses mi inflexible guarda en la noche de ausencia, 
o que me hacía a un lado en el desfile de tus llamas. 

Di si me entregaste con delicia 
una dádiva única y tremenda 
y si de mí obtuviste una espiga vacía. 

Si en tu penumbra fui rosa somnolente 
o a tu luz ala austera y sacudida. 

Si mi voz, rama andante de mi vida, 
se te dio como ser, 
como suelto corazón cálido, 
como humana viajera 
que hoy regresa con sus pedazos de camino 
y puede darme tu valle y tus breñales. 

Me pediste mi distante secreto. 
Da el tuyo a mi curiosa lejanía. 

Quiero saber qué funda mi poema 
en tu mar, en tu playa, en tus jardines. "





Enriqueta Arvelo Larriva 

El recado





Y dejo este lápiz, Martín, y dejo la hoja rayada y dejo que mis brazos cuelguen inútilmente a lo largo de mi cuerpo y te espero. Pienso que te hubiera querido abrazar. A veces quisiera ser más vieja porque la juventud lleva en sí, la imperiosa, la implacable necesidad de relacionarlo todo con el amor. Ladra un perro; ladra agresivamente. Creo que es hora de irme. Dentro de poco vendrá la vecina a prender la luz de tu casa; ella tiene llave y encenderá el foco de la recámara que da hacia afuera porque en esta colonia asaltan mucho, roban mucho. A los pobres les roban mucho; los pobres se roban entre sí... Sabes, desde mi infancia me he sentado así a esperar, siempre fui dócil, porque te esperaba. Sé que todas las mujeres aguardan. Aguardan la vida futura, todas esas imágenes forjadas en la soledad, todo ese bosque que camina hacia ellas; toda esa inmensa promesa que es el hombre; una granada que de pronto se abre y muestra sus granos rojos, lustrosos; una granada como una boca pulposa de mil gajos. Más tarde esas horas vividas en la imaginación, hechas horas reales, tendrán que cobrar peso y tamaño y crudeza. Todos estamos --oh mi amor-- tan llenos de retratos interiores, tan llenos de paisajes no vividos. "



Elena Poniatowska, México 1932



Pájaros perdidos




" Pájaros perdidos de verano vienen a mi ventana, cantan, 
y se van volando. 
Y hojas amarillas de otoño, que no saben cantar, 
aletean y caen en ella, en un suspiro. 


Vagabundillos del universo, tropel de seres pequeñitos, 

¡dejad la huella de vuestros pies en mis palabras! 



Para quien lo sabe amar, el mundo se quita su careta de 

infinito. Se hace tan pequeño como una canción, como un 
beso de lo eterno. 



Las lágrimas de la tierra le tienen siempre en flor 

su sonrisa. 



Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán 

ver las estrellas. 



-Mar, ¿qué estás hablando? 

Una pregunta eterna. 
-Tú, cielo, ¿qué respondes? 
El eterno silencio. 



¡Oye, corazón mío, los suspiros del mundo, que está 

queriendo amarte! 



El misterio de la vida es tan grande como la sombra en 

la noche. La ilusión de la sabiduría es como la niebla del 
amanecer. 


No te dejes tu amor sobre el precipicio. 


Me he sentado, esta mañana, en mi balcón, para ver el 

mundo. Y él, caminante, se detiene un punto, me saluda y 
se va. 



Menudos pensamientos míos, ¡con qué rumor de hojas 

suspiráis vuestra alegría en mi imaginación! 


Tú no ves lo que eres, sino su sombra. 


Si me está negado el amor, ¿por qué, entonces, amanece; 

¿por qué susurra el viento del sur entre las hojas recién nacidas? 
Si me está negado el amor, ¿por qué, entonces, 
la medianoche entristece con nostálgico silencio a las estrellas? "



Rabindranath Tagore

BSO "Intouchables" Ludovico Einaudi

Flotando en el viento








¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre

Antes de que le llaméis hombre?

¿Cuántos mares debe surcar la blanca paloma
Antes de dormir sobre la arena?
¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón
Antes de ser prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
La respuesta está flotando en el viento.




¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba

Para poder ver el cielo?
¿Cuántos oídos debe tener un hombre
Para poder oír a la gente llorar?
¿Cuántas muertes serán necesarias para que comprenda
Que ya ha habido demasiados muertos?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
La respuesta está flotando en el viento.




¿Cuántos años puede permanecer una montaña

Antes de ser arrastrada al mar?
¿Cuántos años pueden algunas personas vivir
Antes de conocer la libertad?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza
fingiendo no ver nada?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
La respuesta está flotando en el viento.



Bob Dylan


Mendiga voz









Mendiga voz

Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.



                                                                             Alejandra Pizarnik 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Te perdí...







No encontré ninguna imagen para este momento. Sólo sé que te perdí, no te encuentro...


Me quedo con tus baúles y no mis sueños, nuestros sueños...


... y la soledad.

viernes, 13 de abril de 2012

La isla de las tormentas





Besándola aún, Faber estiró el brazo y apagó la luz. Se apartó y se quitó la chaqueta del pijama. Rápidamente, de modo que ella no tuviera tiempo de pensar qué estaba haciendo, dio un tirón y despegó la cápsula adherida al pecho, ignorando la picazón que le provocó en la piel arrancar la tela adhesiva. Deslizó las fotografías debajo de la cama. También desabrochó la vaina del estilete del brazo izquierdo y la tiró junto a las fotos.
Le levantó la falda del camisón hasta la cintura.
 -Pronto -dijo ella-. Pronto.
Faber bajó su cuerpo hacia el de ella.
Después ella no sintió ninguna clase de culpabilidad. Simplemente estaba contenta, satisfecha, plena. Había obtenido lo que tanto deseaba. Se quedó quieta, con los ojos cerrados, acariciándole el pelo de la nuca, disfrutando de la sensación que le producía este contacto en la yema de los dedos.
Pasado un momento, Lucy dijo:
-Tenía tanta prisa...
-No hemos terminado todavía -le dijo él.
-¿Tú no...? -preguntó frunciendo el ceño en la oscuri­dad, pues en realidad no estaba segura.
-No, yo no he terminado y tú casi tampoco.
    -Esperemos un poco - sonrió ella.
-Veremos -dijo él estirando el brazo y encendiendo la luz para mirarla.
Faber se deslizó hacia los pies de la cama, entre sus muslos, y le besó el vientre; su lengua entraba y salía, rodeándole el ombligo. Era una linda sensación, pensó. Su cabeza siguió bajando. "No pensará besarme ahí”. Lo hizo, y no sólo la besó, sino que sus labios fueron acariciando los suaves pliegues de su piel. Lucy quedó paralizada por el shock cuando su lengua comenzó a tantear en las hendiduras y luego, mientras le iba separando los labios con los dedos, se introducía más profundamente en ella... Por último, su lengua incansable halló un diminuto lugar sensible, tan diminuto que ella no sabía que existiera, y tan sensible que al principio, el tacto resultaba casi doloroso. A medida que era superada por la más aguda de las sensaciones que jamás había experimenta­do, fue olvidando su shock. Incapaz de refrenarse, movía las caderas arriba y abajo, cada vez con un ritmo más acelerado, refregando su piel resbaladiza por su boca, su barbilla, nariz, frente, totalmente absorta en su propio placer, que fue acumulándose y acumulándose, hasta que se sintió totalmente poseída por él y abrió la boca para gritar; en aquel momento Faber puso la mano sobre la cara. Pero ella gritó ahogadamente a medida que el orgasmo avanzaba, finalizando en algo semejante a una explosión y dejándola tan exhausta que creyó que nunca, nunca más podría levantarse.
Durante un momento sintió que su mente quedaba en blanco. Sabía vagamente que él estaba aún entre sus piernas, con su cara áspera contra el suave interior de sus muslos, moviendo los labios suave y afectuosamente.
En un momento dado ella dijo:
-Ahora sé lo que quería decir Lawrence.
-No comprendo --dijo él levantando la cabeza.
-No sabía que podía ser así. Ha sido fantástico – suspiró.
-¿Ha sido?
-Oh, Dios, no tengo más fuerzas...
Faber cambió de posición, arrodillándose a horcajadas sobre el pecho de Lucy, haciéndole adivinar lo que esperaba de ella, y por segunda vez quedó paralizada por el shock. Simplemente, era demasiado grande... pero de pronto, ella quería hacerlo, necesitaba introducido en su boca. Levantó la cabeza y los labios se cerraron en torno a él.
Él le sostenía la cabeza entre las manos, moviéndose hacia adelante y atrás, gimiendo suavemente. Lucy le miraba la cara. Él la miraba también, realimentado su placer ante la visión de lo que ella estaba haciendo. Lucy pensó en qué haría cuando él... terminara… y decidió que no le importaba, porque todo lo demás había ido tan bien que sabía que incluso llegaría  a disfrutar con eso.
Pero no sucedió. Cuando ella creía que Henry ya estaba a punto de perder el control, él se detuvo, se apartó, se colocó encima d ella y la penetró nuevamente. Esta vez fue muy lento y distendido, como el ritmo de las olas en la playa; hasta que él le puso las manos debajo de las nalgas agarrándole con fuerza cada mitad del trasero, y Lucy le miró la cara y supo que en aquel momento estaba listo para perder el control y derramarse en ella. Y eso la excitaba más que nada, de modo que cuando él finalmente arqueó la espalda, con el rostro distorsionado en una máscara de dolor y gimió hundido en su pecho, le envolvió la cintura con las piernas y se abandonó al éxtasis de la sensación, y entonces, después de tanto tiempo, escuchó las trompetas y timbales que Lawrence le había prometido.



                      La isla de las tormentas.-Ken Follet


jueves, 5 de abril de 2012

He vivido tu playa








Traigo la voz sujeta 
al día en sus comienzos grises, 
y no quiero gastarla, porque la guardo ansiosa 
para esparcir tu nombre, por esta playa abierta
de frescas caracolas. 
Ven, te necesito al lado,
pisaremos las aguas en su dulce cuidado 
de finas transparencias, 
descenderemos juntos hasta el final preciso. 


“He vivido tu playa”. Encarna León


Sueños





Dicen que los sueños tienen nombre...

Hoy ví esta imagen divagando, y como muchas cosas que me pasan a lo largo del día, me vinieron a la mente tus manos, lo que te gustaría este rincón en nuestra casa. Hay ciertos momentos que son tan cálidos cuando los vives que te dejan una huella,  y no me refiero al corazón, sino en ti misma, un olor, un sabor, un color, un compuesto como el que ves, que sé que es tuyo, que pertenece a tu intimidad. No sé si serán las rosas, ese jarrón, el blanco, o todo lo que hace que cuando lo mire me permita soñar que estás ahí. 

¿Puede olerse una imagen?

Te huelo viendo ésta, 
te siento, 
te añoro y...
 te sueño.

Los sueños tienen nombre y éste tiene el tuyo.